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Francina Armengol en comisión de investigación del senado
OPINIÓN

Francina Armengol: la presidente del Congreso que jamás debió ocupar la tercera institución del Estado

La opinión de Javier García Isac de hoy, martes 25 de noviembre de 2025

Hay nombres que simbolizan la decadencia de una época. Y si uno quiere entender el nivel de corrosión institucional al que nos ha llevado el sanchismo, basta con mirar a Paca Armengol, actual presidente del Congreso de los Diputados. Una política fracasada en Baleares, derrotada en las urnas, rechazada por su propio electorado, y, sin embargo, premiada por Pedro Sánchez con uno de los puestos más relevantes del Estado. No por méritos, no por preparación, no por capacidad: por fidelidad perruna al líder y, según se va conociendo, por sus relaciones, proximidades y favores en el engranaje de la trama Koldo.

Porque no se nos olvide: Armengol gobernó Baleares mientras en su entorno se firmaban contratos millonarios para comprar mascarillas fake; contratos ligados a Koldo García, a José Luis Ábalos y a ese ecosistema de comisionistas, intermediarios y oportunistas que tan bien define al socialismo actual. Una trama donde aparecen nombres que se repiten como un eco: Aldama, Cerdán, Ábalos, Koldo, Torres… y, cómo no, Armengol, que fue una pieza clave para que aquello siguiera funcionando mientras cerraba los ojos “selectivamente”.

Una presidente convertida en comisaria política

La tercera autoridad del Estado debería ser un ejemplo de ecuanimidad, moderación y respeto institucional. Pero Armengol ha convertido la Presidencia del Congreso en un puesto de comisaria política del sanchismo. Su comportamiento es abiertamente parcial, sectario y abochornante.

Mientras a los diputados de Vox les corta la palabra con una rapidez digna de un censor soviético, a los socialistas, comunistas y separatistas les permite barras libres de insultos, amenazas veladas y discursos incendiarios. Santiago Abascal no puede terminar una frase sin que Armengol le interrumpa; mientras tanto, ella deja impune la frase gravísima de Ione Belarra pidiendo “machacar a la derecha”, o las barbaridades lanzadas diariamente desde la bancada podemita y separatista.

¿Es esto normal? ¿Es esto democrático? ¿Es esto digno de la tercera institución del Estado?

Rotundamente no.

La presidente que borra palabras y manipula el Diario de Sesiones

Si algo define al parlamentarismo es la palabra. Lo dicho en sede parlamentaria queda para la historia. El Diario de Sesiones es memoria, es registro, es garantía. Sin embargo, Armengol se ha arrogado el derecho ilegítimo de borrar, suprimir o descontextualizar frases que no encajan en el relato sanchista. Y eso es una manipulación intolerable.

La presidente del Congreso no está para editar la realidad. No está para borrar lo que no le gusta. No está para amordazar a la oposición. Está, o debería estar, para garantizar el debate limpio, la neutralidad y la convivencia parlamentaria. Pero Armengol no está al servicio del Congreso: está al servicio exclusivo de Pedro Sánchez y del PSOE.

De Baleares a la cúspide institucional: el premio al fracaso

Recordemos quién es Paca Armengol:

– La presidente balear que llevó a las islas a uno de sus peores momentos de gestión.

– La dirigente que perdió las elecciones de manera estrepitosa.

– La política vinculada, directa o indirectamente, al mayor escándalo de corrupción del sanchismo: la trama de las mascarillas fake.

– La responsable de políticas desastrosas en turismo, convivencia y educación.

Y, pese a todo, Sánchez la premia. Igual que premió a Ángel Víctor Torres cuando se descubrió su papel en la trama Koldo. Igual que premia siempre a los suyos, no por su talento, sino por su docilidad.

Porque en el sanchismo no se asciende por méritos: se asciende por obediencia ciega, por silencio cómplice o por servicios prestados.

La institución en peor manos de su historia

Jamás la Presidencia del Congreso estuvo tan instrumentalizada, tan secuestrada por el Gobierno, tan degradada. La que debería ser una figura arbitral se ha convertido en una activista. La que debería unir, divide. La que debería garantizar la palabra, la restringe. La que debería defender la neutralidad, la destruye.

Paca Armengol no representa a todos los españoles: solo representa al sanchismo más radical y sectario. Y su comportamiento, lejos de dignificar la institución, la arrastra cada día un poco más hacia el lodazal del partidismo y la manipulación.

España merece una presidenta del Congreso que respete las reglas, no una militante al servicio del poder.

Merece neutralidad, no activismo.

Merece un árbitro, no una comisaria política.

Pero mientras Pedro Sánchez necesite fieles para sostener su régimen, personajes como Armengol seguirán ocupando puestos que jamás deberían haber rozado.

La degradación institucional es total. Y tiene nombre y apellidos.

Francina Armengol: la presidente que nunca debió ser presidente.

➡️ Opinión

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