
Pujol en el banquillo: el juicio a cincuenta años de corrupción autonómica
La opinión de Javier García Isac de hoy, martes 25 de noviembre de 2025
El segundo día del juicio a Jordi Pujol, con el patriarca del régimen catalán sentado en el banquillo a sus 95 años, es la imagen perfecta —trágica, grotesca y simbólica— de lo que ha sido España durante las últimas cinco décadas: un país secuestrado por el bipartidismo corrupto, una nación sometida a un modelo autonómico que solo ha servido para que las élites parasitarias vivan a costa del ciudadano y se protejan entre ellas.
Ayer, el tribunal decidió que Pujol estaba en condiciones de continuar el juicio. Y sí, la fotografía es obscena. No porque un anciano de 95 años comparezca ante la justicia, sino porque ese juicio llega con 11 años de retraso, una vergüenza nacional, una afrenta al Estado de Derecho y la prueba definitiva de que las instituciones han sido cómplices necesarias del mayor entramado de corrupción territorial de nuestra historia democrática.
Que nadie se engañe: Jordi Pujol se va a ir sin pagar por nada. Se marchará como se marchan todos los beneficiados por este sistema podrido: protegido por décadas de silencio, impunidad y pactos entre partidos que se han repartido el Estado. El juicio, más que una causa penal, es una comedia tardía para tranquilizar conciencias. Pero la sentencia real ya la dicta la Historia: fue el fundador y representación suprema de la corrupción autonómica, con permiso del PSOE y sus ERES en Andalucía.
EL RETRASO DEL JUICIO: LA PRUEBA DEL CRIMEN PERFECTO DEL BIPARTIDISMO
El juicio debía haberse iniciado cuando Pujol confesó en 2013 que tenía una fortuna oculta en el extranjero. No una cantidad simbólica, no un error administrativo: una fortuna multimillonaria, amasada al calor del poder, del “peix al cove”, del pescado a la cesta, de esa Generalitat que no era sino el instrumento para convertir a Cataluña en un cortijo familiar.
¿Por qué no se actuó entonces?
Porque nadie quería molestar al patriarca. Porque el PP y el PSOE llevaban décadas protegiéndolo, necesitándolo para gobernar España.
Porque sin Pujol no hubiera habido PSOE de los años 80 y 90, ni PP de la mayoría absoluta de Aznar.
Porque ambos partidos, con su cobardía y su complicidad, han convertido a España en un país rehén de minorías chantajistas. Otra cosa es el asunto de los dossier de los que siempre presumió tener Pujol.
Pujol no gobernó Cataluña: gobernó España.
EL JUICIO A PUJOL ES EL JUICIO AL MODELO AUTONÓMICO
Lo importante no es si Pujol entra o no entra en prisión —que no entrará—.
Lo relevante es que Pujol simboliza la enfermedad que corroe a España: el Estado de las Autonomías.
Un sistema que se nos vendió como modernizador, como descentralizador, como un “acercar la administración al ciudadano”, y que ha terminado siendo exactamente lo contrario:
17 chiringuitos políticos, duplicidades infinitas, miles de empresas públicas diseñadas para colocar amiguetes, redes clientelares, corrupción endémica y una burocracia asfixiante que aleja al poder del ciudadano.
El juicio a Pujol es el juicio a:
Cataluña
40 años de pujolismo, del 3%, de comisiones, de mordidas, de medios públicos convertidos en aparatos de propaganda separatista.
La corrupción estructural que dio origen a CDC, su mutación en CiU, luego en Junts, luego en lo que toque según la conveniencia electoral.
Andalucía
Décadas de PSOE con el mayor caso de corrupción de Europa occidental, los ERE, donde se robaron más de 600 millones destinados a parados.
Un régimen socialista que convirtió la Junta en una maquinaria de fidelización clientelar.
Valencia
Con el Partido Popular, donde la corrupción institucionalizada contaminó a toda una generación de dirigentes.
Los casos Gürtel, Taula, Brugal, una sucesión interminable.
Baleares
Donde el PP y el PSOE se turnaron en la destrucción de lo público, mientras hoy la presidenta del Congreso, Francina Armengol, aparece salpicada por la trama Koldo, la gran trama de corrupción del sanchismo.
Cantabria, Extremadura, Aragón, Castilla-La Mancha, Murcia…
En todas, absolutamente todas, el modelo autonómico ha generado redes de poder local, caciquismo moderno, paraíso de los afines y muro impenetrable para el ciudadano.
PUJOL NO ES UN INDIVIDUO: ES UN RÉGIMEN
No se juzga a un hombre.
Se juzga a un sistema político que ha permitido que:
los Pujol vivieran como una dinastía medieval,
los partidos nacionales miraran hacia otro lado,
se usaran competencias autonómicas para construir identidades políticas artificiales,
se crearan estructuras para extorsionar al empresario, controlar a los medios y manipular a la ciudadanía.
Pujol es la consecuencia lógica del diseño autonómico.
Era inevitable.
El modelo estaba concebido para generar caudillos territoriales, virreyes modernos con barra libre presupuestaria.
TODOS SABÍAN QUIÉN ERA PUJOL: TODOS PACTARON CON ÉL
Hoy muchos se rasgan las vestiduras, fingen indignación y hablan de “ejemplo de regeneración”.
Mienten.
Todos sabían quién era Jordi Pujol.
Todos sabían que había dinero fuera.
Todos sabían que cobraba comisiones.
Todos sabían cómo funcionaba Cataluña.
Y todos pactaban con él cuando necesitaban sus votos.
Hoy dirán que es un anciano, que no tiene sentido seguir adelante.
Pero el problema no es Pujol.
El problema es el sistema que permitió que Pujol existiera, creciera y se hiciera intocable.
EL MODELO AUTONÓMICO HA FRACASADO
El Estado autonómico es insostenible, insoportable e injusto.
Ha destruido la igualdad entre españoles, ha generado monstruos políticos y ha vaciado al Estado de sentido.
Pujol es simplemente el símbolo más evidente, más grotesco, más monumental de ese fracaso.
El juicio a Pujol no es el juicio de un hombre.
Es el juicio de un modelo que ha quebrado España, que la ha dividido, que la ha empobrecido moral y económicamente, y que ha protegido durante 50 años a sus grandes corruptos.
España merece algo mejor.
España merece un Estado que vuelva a ser Estado.
España merece, por fin, justicia real.
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