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Ceuta en Peligro

Ceuta en Peligro
por EDATV
17 de agosto de 2026 a las 08:26
opinion

Por Jota Camacho

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Lo ocurrido en Ceuta no se arregla cambiando el nombre de las cosas. No se puede discutir que la palabra adecuada es invasión y ninguna discusión semántica cambia lo esencial: a finales de julio 80.000 personas entraron ilegalmente en nuestro territorio, la ciudad quedó sometida a una presión extraordinaria, hubo muertos, ilegales desbordando los sistemas de acogida, servicios sanitarios sometidos a una tensión enorme y agentes que tuvieron que afrontar una situación para la que no estaban en absoluto preparados.

Viendo que había sido tan fácil, se produjo una nueva convocatoria en RRSS y miles de personas se aproximaron a Ceuta desde el lado marroquí, esta vez Marruecos desplegó fuerza para no quedar tan evidente en la foto, y consiguió impedir una nueva entrada masiva. España, además, había “reforzado” la frontera con 900 policías y 700 guardias civiles.

La Audiencia Nacional ha pedido informes para determinar si la primera entrada pudo responder a una acción concertada, y la Guardia Civil ha reconocido que el periodo vacacional había reducido el esfuerzo operativo en Ceuta y Melilla. Lo que no puede hacer un Gobierno serio es pedir a los ciudadanos que acepten sin preguntas que una frontera europea haya pasado de una situación de relativa normalidad a una entrada masiva de miles de personas y que después nadie tenga que explicar por qué.

Tampoco ayuda la contradicción alrededor de las alertas previas. El Gobierno ha sostenido que el CNI no había advertido de la llegada masiva, mientras que distintas informaciones periodísticas les dejamos en evidencia, lo sabíamos todos, menos ellos. No estamos ante un detalle menor: hubo información relevante y no se actuó, estamos ante un fallo de previsión y tenemos que saber por qué los servicios encargados de anticipar riesgos no iniciaron una operación capaz de detener la entrada a decenas de miles de personas.

La respuesta política pretende vendernos que todo está controlado y que cualquier preocupación por la seguridad es una construcción de la derecha; niegan la realidad, sin vergüenza alguna. Una frontera tiene que estar controlada, una persona que entra ilegalmente no adquiere por ello derecho automático a quedarse.

Las agresiones sexuales son reales y no desaparecen porque su reconocimiento resulte políticamente incómodo. La Guardia Civil haconfirmado quince violaciones.Y eso no explica del todo la gravedad de lo ocurrido; hay muchas más violaciones que se producen entre ellos mismos y que no son denunciadas, porque son a manos de sus propios familiares. Y para ellos, son sus costumbres

¿dónde están las voces que durante años han convertido la seguridad de las mujeres en una bandera central? Irene Montero y su lema “sola y borracha quiero llegar a casa”, y el propio Ministerio de Igualdad hizo de aquella frase una reivindicación institucional vinculada a la libertad sexual. “Si nos tocan a una, nos tocan a todas” se convirtió también en uno de los lemas centrales del feminismo.

Si una mujer denuncia una agresión sexual, la respuesta coherente no puede depender del origen del presunto agresor ni de la comodidad política de reconocer el problema. La víctima no es menos víctima porque el acusado sea un negro o árabe ilegal. El feminismo desde luego no merece ese nombre, funciona con excepción geográfica o ideológica: si el principio es que ninguna mujer debe ser agredida, el principio tiene que aplicarse también cuando la historia complica el relato político. Nadie debería intentar ocultar los delitos cometidos por extranjeros para proteger una narrativa política.

Ceuta está sufriendo una presión extraordinaria, los médicos han denunciado saturación y los vecinos describen miedo, agotamiento y problemas que no desaparecen porque Telepedro o Sara Santaolalla diga que la situación está controlada.

La Séptima tiene previsto comenzar sus emisiones en noviembre y se presenta abiertamente orientada hacia un público progresista y Javierito Ruiz es su principal responsable. Son estas televisiones las que se empeñan en sostener un relato paralelo donde lo que ocurre en Ceuta es catalogado alegremente como un bulo de la derecha.Es correcto por tanto decir que el Gobierno ha creado formalmente una televisión pública para hacer propaganda. España está construyendo un sistema mediático cada vez más enfermo, en el que se vende a los ciudadanos la información subordinada a la identidad Sanchista.

¡Apagar la televisión se hace urgente!, necesitamos hacer algo bastante más difícil: leer fuentes diferentes, contrastar cifras, distinguir una denuncia de una condena, comprobar un vídeo antes de compartirlo y aceptar un dato incluso cuando perjudica al partido que uno vota. El problema no es que existan medios de izquierdas o de derechas; el problema empieza cuando dejamos de querer saber qué ha ocurrido y solo queremos que alguien nos diga que tenemos razón.

El gobierno estárespondiendo a la invasión como si estuviera gestionando una polémica de redes sociales. Deben explicar cuántas personas entraron, cuántas han regresado, cuántas permanecen, cuántos son menores, menores de verdad, cuántas denuncias existen, qué delitos se investigan, qué medios faltaron, qué información recibió Interior y qué medidas se han tomado para impedir que vuelva a suceder. Ceuta no necesita una campaña de comunicación; necesita gobierno.

La integración no puede sustituir al control fronterizo. Llegar al esperpento de decir abiertamente en Telepedro que hacen falta trabajadores sociales y que sobran policías, nos dice claramente cuál es la intención del gobierno, dibujándoles un perfil idílico de ingenieros, licenciados y gays huyendo de la guerra, mientras se despoja de toda legitimidad al ciudadano nacional que sufre los estragos de la inseguridad en sus propias calles.

Sánchez sigue de vacaciones. Con un dispositivo de seguridad de más de 60 efectivos; no resulta serio y plantea una pregunta:¿qué prioridad transmite el Estado? Sánchez sabe perfectamente que 45 millones de personas en España le detestamos y sabe también que la frontera está exactamente como él quiere que esté.

Contrasta esta estampa con la de Giorgia Meloni, cuyas vacaciones transcurren bajo el ojo directo de sus votantes en la calle sin necesidad de blindajes faraónicos. Aquí, en cambio, se movilizan recursos del Estado para financiar fastos institucionales como los más de 72.000 euros despilfarrados en una zona VIP para presenciar un eclipse, o para utilizar aeronaves oficiales como el Super Puma y el Falcon a conveniencia personal, mientras los barcos y lanchas del Estado se destinan a menesteres particulares y se racionan en la frontera.

El PP ha denunciado la falta de previsión y ha exigido explicaciones y Vox ha hecho una crítica sobre la frontera, pero la oposición no puede limitarse a describir el desastre después de que ocurra. Necesita ofrecer un plan que pueda entender un ciudadano de izquierdas y uno de derechas: más efectivos permanentes, coordinación real con Marruecos, cooperación europea, devolución de quienes no tienen derecho a permanecer con esta invasión.

Empieza a ser fácil decir que el socialista es un ignorante, que quien vota a Sánchez no sabe hablar, que escribe con faltas de ortografía y que vive pegado al sofá con una botella de vino y Telepedro puesta todo el día. Ya no es un argumento intelectualmente pobre. Hay socialistas perfectamente formados que creen sinceramente que la izquierda es la mejor defensa frente a la derecha. El problema es la disposición de ese electorado a perdonar a su propio partido lo que jamás perdonaría, al contrario.

Existen dos izquierdas ante esta crisis. Está quien antepone sus ideas a cualquier evidencia y quien empieza a preguntarse si algunas de sus ideas necesitan ser revisadas. La política adulta consiste en que alguien cambie de opinión porque la realidad le obliga a hacerlo.

Sabemos que Sánchez está en sus últimos meses de Gobierno, y también sabemos el dicho popular, “Para lo que me queda en el convento…” sabemos todo lo que está pasando en Ceuta y también sabemos algo más que debería avergonzarnos: España es capaz de llenar las calles por un partido de fútbol, por un concierto o por cualquier acontecimiento que nos permita olvidarnos durante unas horas de todo lo demás, mientras una ciudad española puede encontrarse sometida a una invasión y nosotros seguimos con nuestra vida como si Ceuta estuviera al otro lado del mundo.

España no necesita elegir entre humanidad y seguridad. No necesita odiar al extranjero para defender sus fronteras, ni necesita cerrar los ojos ante un problema para demostrar que sigue siendo un país acogedor, ni necesita negar un delito para evitar que alguien utilice ese delito como arma política.

Ceuta merece algo bastante más serio que esto.Merece un Estado que vea venir el problema, que proteja a quienes están en primera línea, que controle sus fronteras, que ayude a quien realmente necesita ayuda, que devuelva a todos los que, por supuesto no tienen derecho a permanecer aquí, y que diga la verdad sobre lo ocurrido, aunque esa verdad sea políticamente incómoda.

España necesita ciudadanos que miren la realidad sin miedo a descubrir que a veces tienen razón los suyos y otras veces los contrarios. Porque una frontera no es de izquierdas ni de derechas, una mujer agredida no es de izquierdas ni de derechas, un policía agotado no es de izquierdas ni de derechas. Son problemas reales. Y cuando Sánchez consigue convertirlos en otra guerra entre españoles, todos terminamos perdiendo.


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