
La caída de la primera pieza
Por Antonio Sánchez Sánchez
El adelanto del fallo por parte del Tribunal Supremo español relativo al juicio que venía desarrollándose contra el Fiscal General del Estado por la comisión del delito de revelación de datos reservados ha añadido una nueva efeméride a una fecha tan señalada en la historia reciente de España como es el 20 de noviembre.
Esta no es sino la enésima novedad que de la mano del presidente del gobierno, quien bien podría pasar a la historia como Pedro “El innovador” debido a la ingente cantidad de eventos que de su mano se han sucedido de manera novedosa, donde la democracia española se ha visto obligada a espectar ojiplática durante los últimos siete años de gobierno sanchista y para general estupefacción. Huelga en este momento entrar en detalles acerca de desmanes constitucionales, legislativos, desprecios a la jefatura del estado, al Senado, a la judicatura o sobre el señalamiento a personas particulares desde la tribuna de oradores del Congreso de los Diputados, entre muchas otras cosas que nunca debieron haber sucedido en un país democrático, ya que el evento de ekleipsis que ha supuesto para el gobierno de Pedro Sánchez la condena de “su” Fiscal General del Estado ha sellado la fecha a partir de la cual se podrá datar el inicio de la caída de un perturbador periodo que ha puesto “contra las cuerdas” al estado de derecho en España.

Convendrá el lector que resulta en cierto modo hilarante y a la vez desconcertante el hecho de que, tras el bombo y platillo con que el gobierno anunció los 100 eventos de estado en conmemoración de la muerte del dictador Francisco Franco, los cuales no han tenido la relevancia pública que Sánchez esperaba, el suceso más impactante relacionado con el cincuenta aniversario de la muerte de Franco haya sido paradójicamente la figurada decapitación de un Fiscal General del Estado absolutamente subordinado y al servicio de la ideología política del sanchismo tras cometer un delito de revelación de información reservada tipificado en el artículo 417.1 del Código Penal, con el único objetivo de hacer mella en el adversario político, en este caso a través del sujeto pasivo del delito, que no era otro sino la pareja afectiva de la Presidente de la Comunidad Autónoma de Madrid Isabel Díaz Ayuso. Esta última afirmación, aun categóricamente controvertida en lo que respecta a la depauperada institución donde estallan los principios rectores que deben caracterizar al Ministerio Fiscal como son el principio de unidad de actuación, legalidad e imparcialidad para acometer sus labores en defensa de la legalidad, los derechos de los ciudadanos, la persecución del delito y el interés general.

Esta es la descripción fáctica y una foto finish donde queda puesto de manifiesto el nivel de degradación a que el fanatismo ideológico sanchista nos pretende sumir en una deriva marxista sostenida por el independentismo, los nacionalismos regionales, las tesis comunistas y por la sangrienta herencia legada por el terrorismo que hoy participa en la factura legislativa y que conforman ese bloque antinómicamente llamado “progresista”.
Obviamente, lo referido hasta ahora únicamente está relacionado con la parasitación de las instituciones del estado y no entraremos ahora en aspectos prácticamente destruidos como la economía, los servicios sociales, las infraestructuras o a bienes preferentes constitucionales como la vivienda, servicios esenciales como la sanidad o la política fiscal confiscadora que atenaza el gaznate de los llamados a contribuir. La cuestión abrumadora que se debe plantear por parte del pueblo de manera autocrítica es si el marxismo que abandera el PSOE ha proporcionado beneficio alguno a la sociedad durante los últimos siete años, o si por el contrario la realidad es que la implementación de sus políticas, que sólo buscan la crispación y la polarización de la población, disminuyen cada vez más nuestro poder adquisitivo y erosionan paulatina pero incesantemente los derechos y libertades mediante la promoción de la prohibición y la hiperregulación normativa. La realidad está a la vista de todos a pesar de que la constante insistencia propagandística del gobierno no ceja en su intento de hacernos creer que lo que percibimos en el día a día es una ilusión y que la verdad es la que cuenta su relato lleno de engaño y espurias intenciones.
Ahora, impacientes aguardamos la sentencia que motivará la ejecución en un cadalso que ya está preparado, pero este hito, que por otra parte, nadie deseó nunca ni debiera haberse llegado a producir, solo representa la caída de la primera pieza de valor en esta partida de ajedrez que se libra entre el gobierno de Pedro Sánchez y el estado democrático de derecho. Las malas jugadas que un ya enrocado Pedro Sánchez ha realizado debido a su debilidad política y su necesidad de buscar alianzas y apoyos con todos los enemigos de España y lo español, ha llevado la partida a una situación agónica donde la corrupción, la parasitación institucional, su enfrentamiento a los contrapoderes democráticos y su deriva autoritaria definen un tablero de juego donde la cantidad de piezas fundamentales de su más íntimo entorno que se encuentren gravemente amenazadas por el imperio de la ley defendido por el poder judicial hacen ya insostenible la pervivencia de un gobierno que, en el mejor de los casos, sólo aspira a las tablas.
Sin embargo, la situaciones procesales de David Sánchez, hermano del Presidente del Gobierno; de su esposa Begoña Gómez; de Ábalos, Santos Cerdán, ambos secretarios de organización de su partido; del asesor con poderes plenipotencarios Koldo García, quien no está claro que no fuera un agente doble y que haya realizado labores de contrainteligencia revelándose pieza clave para el desmantelamiento de la enorme trama de corrupción que acecha a varios ministerios en particular y al PSOE en general; el caso del tito Berni donde la contratación pública quedaba confundida con sobornos en puticlubs; o del líder del PSOE en Extremadura y ex - presidente de la respectiva Diputación Provincial Miguel Ángel García Gallardo; no son suficientes para hacer caer un gobierno podrido por la corrupción y la práctica mafiosa.
Pero más allá de todo este estercolero político, donde el primero en caer ha sido el Fiscal General, sólo marca el principio de la debacle sanchista. Nombres de ministros como Óscar Puente, Óscar López, María Jesús Montero, Margarita Robles o Fernando Grande Marlaska, se encuentran bajo fuerte sospecha de colaboración necesaria o involucrados mediane diferentes formas de participación en asuntos donde su gestión ministerial se halla sumida en una tenebrosa opacidad y donde la investigación judicial acerca de posibles implicaciones penales sobrevuela sus cabezas como lo hacen los buitres al olor de la carroña en descomposición.
Siendo conscientes de este escenario, ¿qué se puede esperar que suceda proveniente de la negra mano que nos gobierna? ¿Hemos de temer por la sucesión de eventos violentos alentados desde el propio gobierno como sucedió en la vuelta ciclista a España? ¿Volverá a ser capaz Pedro Sánchez de establecer estados restrictivos de los derechos y libertades ilegales de manera arbitraria para someter y silenciar al pueblo como lo hizo ya anteriormente? ¿Debemos de tener miedo de Pedro Sánchez y sus secuaces? El simple hecho de que la sombra de la sospecha se cierna sobre todas estas cuestiones y nos lleven a formularlas debería ser motivo suficiente para echar a la calle a millones de españoles para clamar por la invalidez del gobernante que las suscita.
¿Qué podemos esperar de Pedro Sánchez y del frente popular en el futuro inmediato? ¿Qué pasará si tras unas nuevas elecciones generales el pueblo elige mayoritariamente a la derecha para una coalición de gobierno entre PP y Vox? ¿Será capaz la izquierda de hacernos viajar en el tiempo un siglo atrás y revivir los aciagos sucesos que tuvieron lugar durante de la segunda república?
Entretanto, mientras todas estas cuestiones permanecen aún sin respuesta, ahí continúa Pedro Sánchez Pérez-Castejón, un presidente absoluto, enrocado desde hace demasiado tiempo ya, acosado por sus propias maquinaciones así como por las malas ideas sobre la subversión constitucional que no cesan de susurrarle sus socios al oído, donde la degradación política y la situación judicial que orbita su entorno ha alcanzado a materializarse sobre su persona con la depauperación de un estado físico y mental que ni los más avezados maquilladores pueden ya disimular. Como él mismo sabe, el desenlace no puede desarrollarse de otra manera más que con la inexorable caída de todo el peso de la Ley sobre él mismo, poniendo así nombre a la X que culmina el vértice de la pirámide de corrupción que se erige desde el propio gobierno. Finalmente, esto supondrá el punto y final a un periodo que pasará a la historia como una mala pesadilla de corrupción, ruptura social y quiebre económico cuando el Estado de Derecho y el Imperio de la Ley den por fin el jaque mate a un rey que debió abandonar la partida hace ya mucho tiempo.
Más noticias: