
1934: el juicio por la Revolución de Asturias y la gran mentira fundacional del PSOE como partido “democrático”
La opinión de Javier García Isac de hoy, jueves 18 de diciembre de 2025
La izquierda lleva más de noventa años construyendo un relato falso, victimista y manipulador sobre la Revolución de Asturias de 1934. Llaman revolución a lo que en verdad fue una intentona golpista en toda España, pero que sólo triunfó durante 15 días en Asturias, por el apoyo de los anarquistas. Hablan de “represión brutal”, de “Estado fascista”, de “crímenes del orden”, de “militares sanguinarios”. Pero callan siempre lo esencial:
la Revolución de Asturias fue un golpe de Estado perpetrado por el PSOE, con Largo Caballero como principal cerebro político.
No fue una huelga.
No fue una protesta social.
No fue una reivindicación legítima.
Fue una insurrección armada contra un Gobierno legal salido de las urnas.
Y eso tiene un nombre en cualquier democracia: golpe de Estado.
El PSOE como partido golpista: una tradición que nunca ha desmentido con hechos
En octubre de 1934, el PSOE, la UGT y sus milicias armadas, con el apoyo de los anarquistas, se alzaron contra la República porque no aceptaban el resultado de las elecciones de 1933. Perdieron las urnas, y decidieron tomar las armas.
Ese es el ADN del socialismo español:
si gana, es democracia; si pierde, es fascismo y golpe.
En Asturias, la insurrección fue especialmente salvaje:
Asaltos a cuarteles.
Bombas de dinamita.
Iglesias incendiadas.
Destrucción sistemática de infraestructuras.
Asesinatos selectivos.
Violaciones.
Terror en la retaguardia.
El balance es demoledor:
33 sacerdotes asesinados.
Decenas de civiles ejecutados.
Pueblos enteros arrasados.
Familias destrozadas.
Un clima de terror revolucionario que anticipó lo que vendría en 1936.
Esto no lo cuentan en las facultades de Historia controladas por la izquierda. Esto lo ocultan los libros oficiales. Esto lo borran las “leyes de memoria”.
Largo Caballero: precursor del terror, no “el abuelo de la democracia”
A Largo Caballero lo han intentado vender durante décadas como un socialista moderado, como “el Lenin español”, como una figura romántica de la izquierda. La realidad es que fue el principal instigador político del golpe de 1934.
Participó en su planificación.
Lo alentó desde la UGT.
Lo justificó públicamente.
Y jamás mostró arrepentimiento alguno.
Largo Caballero es el eslabón directo entre la Asturias revolucionaria de 1934 y el terror rojo de 1936. La sangre de Asturias no fue un accidente. Fue un ensayo general de la revolución que soñaban imponer a toda España.
El juicio de 1934: una represión “laxa” frente a crímenes monstruosos
Aquí llegamos a una de las grandes mentiras de la izquierda: la supuesta “represión brutal” del Estado tras sofocar la insurrección. La realidad es justo la contraria.
La represión fue laxa, timorata y profundamente insuficiente en relación a los delitos cometidos.
No hubo una depuración real.
No hubo castigos ejemplares.
No se desmontaron las redes revolucionarias.
No se ilegalizó al PSOE.
Se juzgó a algunos responsables, sí. Pero el aparato político del socialismo sobrevivió intacto. La mayoría de los culpables o fueron amnistiados después o regresaron a la política como si nada hubiera pasado.
Esa cobardía de la derecha gobernante en 1934 fue una de las causas directas del estallido de 1936. Se dejó vivo al monstruo. Y el monstruo volvió a atacar con más saña.
López Ochoa: el general que repuso el orden y que fue degollado por la izquierda
Uno de los episodios más reveladores de la miseria moral de la izquierda es el del general Eduardo López Ochoa, encargado de sofocar la insurrección en Asturias.
López Ochoa no fue un represor sanguinario.
Fue un militar que restableció el orden legal frente a una insurrección armada. Cumplió con su deber constitucional.
¿Y cómo se lo pagó la izquierda?
En julio de 1936, ya iniciada la guerra, cuando ni siquiera se había sublevado, López Ochoa fue detenido en Madrid. Estaba hospitalizado, enfermo, indefenso. Fue sacado del hospital militar por las milicias del Frente Popular,.. y degollado.
Degollado.
Ese es el concepto de “democracia” de la izquierda.
Ese es su “humanismo”.
Ese es su “antifascismo”.
Valentín Gamazo: el fiscal que osó señalar a Largo Caballero, y que lo pagó con su familia
Otro crimen silenciado es el de Valentín Gamazo, fiscal general del Estado que tuvo la osadía de señalar judicialmente a Largo Caballero como responsable político directo del golpe de 1934.
Gamazo hizo lo que hoy nadie se atreve a hacer con el PSOE:
aplicar la ley al poder.
¿Y qué recibió a cambio?
En agosto de 1936 fue asesinado, junto con sus tres hijos, por milicianos socialistas.
Un fiscal del Estado.
Tres hijos jóvenes.
Ejecutados por el simple hecho de haber querido juzgar al jefe del PSOE.
Eso es lo que la izquierda entiende por “democratizar la justicia”.
Y, noventa años después, el PSOE sigue sin pedir perdón y criminalizando a los jueces que osan investigar la corrupción socialista y la del entorno de su presidente.
El relato falso: de golpistas a víctimas
La manipulación ha sido perfecta:
Los golpistas de 1934 convertidos en “luchadores por la libertad”.
Los asesinos de curas, civiles y militares convertidos en “represaliados”.
Los responsables políticos del golpe convertidos en “padres de la democracia”.
Y, mientras tanto, los verdaderos servidores del orden legal:
Degollados.
Fusilados.
Silenciados.
Difamados durante décadas.
La derecha de 1934 fue cobarde. La de hoy también
La derecha que gobernaba en 1934 no estuvo a la altura del desafío. No ilegalizó al PSOE. No desmanteló sus milicias. No depuró responsabilidades. No protegió al Estado como debía. Prefirió aparentar normalidad mientras el enemigo se rearmaba.
Y hoy ocurre exactamente lo mismo.
El PSOE vuelve a estar cercado por la corrupción.
Vuelve a destruir el Estado.
Vuelve a gobernar con enemigos de España.
Y, de nuevo, una parte de la derecha prefiere mirar para otro lado antes que actuar con firmeza.
La historia no se repite por azar.
Se repite por cobardía.
El PSOE nunca fue democrático: sólo aceptó la democracia cuando le servía
1934 demuestra una verdad que la propaganda intenta borrar:
el PSOE nunca fue un partido democrático de convicción. Lo fue solo por conveniencia.
Cuando perdió, dio un golpe.
Cuando fue juzgado, amenazó.
Cuando se le aplicó la ley, respondió con asesinatos.
Y hoy, un siglo después, sigue sin pedir perdón por Asturias.
Sigue blanqueando a Largo Caballero.
Sigue ocultando a Gamazo.
Sigue silenciando a los curas asesinados.
Sigue mintiendo.
Porque para la izquierda la memoria no es verdad.
Es un arma política.
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