Hoy, 8 de febrero, Aragón no vota solo un Parlamento autonómico. Hoy se mide algo mucho más profundo: la continuidad de un bipartidismo agotado, corrupto en las formas y estéril en los resultados, o la posibilidad real de que una alternativa patriótica influya de verdad en el rumbo político de la comunidad. No es poca cosa. Aragón se juega mucho. Y, con Aragón, nos jugamos todos los españoles.
Durante décadas, Partido Popular y Partido Socialista han aplicado idénticas políticas en Aragón. Se han turnado en el poder, han cambiado los nombres y los eslóganes, pero no el modelo. Un modelo autonómico hipertrofiado, caro, ineficaz, incapaz de resolver los problemas reales de la gente, y muy eficiente, eso sí, a la hora de colocar afines, alimentar redes clientelares y sostener satélites mediáticos.
El resultado salta a la vista: despoblación imparable, un campo asfixiado, jóvenes que se marchan, servicios públicos deteriorados y una autonomía que cuesta cada día más y sirve cada día menos.
El engaño permanente del campo
Uno de los grandes fraudes del bipartidismo ha sido el del campo aragonés. Lo dicen defender, pero apoyan en Bruselas políticas que lo destruyen. PP y PSOE van de la mano en la Unión Europea, votan juntos la PAC, el Pacto Verde y todas esas agendas ideológicas que arruinan al agricultor y al ganadero mientras se llenan la boca de palabras vacías en campaña.
No hay mayor hipocresía política que prometer en Zaragoza lo contrario de lo que se firma en Bruselas. Y en ese engaño llevan años instalados los de siempre, protegidos por un sistema mediático regional que vive de la publicidad institucional y del silencio cómplice.
Una alternativa que incomoda porque puede cambiar cosas
Por eso hoy hay nervios. Por eso, en los últimos días de campaña, se ha desatado una operación de acoso mediático contra VOX y contra Alejandro Nolasco. No es casual. Nunca lo es.
Cuando el poder se siente amenazado, enseña los dientes. Y cuando ve que puede perder influencia, dinero y control, utiliza sus terminales mediáticas, tanto las que se dicen de izquierdas como las que presumen de derechas, para difamar, caricaturizar y criminalizar a quien puede romper el tablero.







