Lo de Televisión Española ya no es ni televisión pública ni un medio al servicio de todos los españoles. Es, lisa y llanamente, el canal oficial del sanchismo, el plató donde se monta, sin el menor pudor, un “Aló Presidente” al más puro estilo chavista. La entrevista de Pepa Bueno a Pedro Sánchez no fue una entrevista: fue un masaje, un publirreportaje, un espacio propagandístico pagado con el dinero de todos.
Una periodista dócil, entregada, que no preguntaba, sino que servía bandejas para que el presidente corrupto desplegara su relato falsario. No hubo repreguntas, no hubo contradicción, no hubo periodismo. Hubo sumisión.
La gran mentira de los presupuestos
Sánchez se permitió el lujo de afirmar que seguirá gobernando incluso sin presupuestos, porque –según él– lo importante es evitar la “parálisis del país”. ¡Qué sarcasmo! Precisamente hace dos años paralizó España entera, prorrogando cuentas y utilizando el bloqueo presupuestario como arma política. Hoy, sin rubor alguno, afirma justo lo contrario. Es la constante de su trayectoria: mentir sin descanso, con una soberbia impropia, y convencido de que los españoles tragaremos.

Inmigración: culpar a la víctima
Otro de los momentos más bochornosos fue su discurso sobre la inmigración. No habló de invasión, ni de inseguridad, ni del aumento de delitos que todos conocemos y sufrimos. No: para Sánchez, el problema no son los cientos de ilegales que llegan cada semana, ni los MENAs que colapsan barrios enteros, ni las mafias que hacen negocio con la complicidad de gobiernos rendidos. El problema, según el presidente, somos quienes lo denunciamos. Quienes no callamos. Quienes advertimos de que España no puede convertirse en un campamento sin ley. A nosotros nos acusa de “odio”. Es el viejo truco de la izquierda: criminalizar la palabra libre para justificar la inmigración masiva y el multiculturalismo impuesto.
Incendios: resiliencia y cambio climático
Con los incendios arrasando miles de hectáreas, el relato volvió a ser el mismo de siempre: “resiliencia”, “emergencia climática”, “cambio climático”. Palabras huecas que sirven de coartada para no asumir responsabilidades. No habló de pirómanos, ni de negligencia, ni de que en invierno no se limpia el monte porque la Agenda 2030 lo prohíbe. No habló de la falta de medios, de pilotos o de planificación. Todo se reduce al mantra climático, ese negocio global que sirve para justificar la inacción y tapar el abandono.
El ataque a los jueces
Donde se mostró más cómodo fue en su ataque frontal a la Justicia. Volvió a cargar contra los jueces que investigan la corrupción de su familia y de su partido. Esos jueces son, según él, parte de una supuesta “conspiración” contra el Gobierno. Jamás un presidente había atacado con tanta saña a quienes tienen la obligación de aplicar la ley. Pero claro, para Sánchez, la ley es él.







