El PSOE se ha arrogado el título de “el partido más feminista de la historia”. Lo repiten como dogma, lo amplifican sus ministros, lo jalean sus medios subvencionados y lo imponen como verdad oficial. Pero la realidad, tozuda y demoledora, es otra muy distinta: el PSOE no defiende a la mujer; la utiliza, la manipula y la sacrifica cuando estorba a su poder.
Porque el feminismo socialista no es defensa de derechos, sino ingeniería ideológica. No es protección de la mujer, sino instrumentalización política. Y cuando aparecen abusos, acosos o comportamientos repugnantes dentro de la propia organización, el partido actúa siempre igual: silencio, encubrimiento y mentira.
Babosos protegidos, víctimas abandonadas
Los casos de acoso sexual dentro del PSOE no son hechos aislados. Son patrones. Son estructurales. Son el resultado de una cultura de poder donde el carnet pesa más que la dignidad de las mujeres.
Ahí está el caso de Paco Salazar, señalado por empleadas de Moncloa, apartado discretamente de un cargo para evitar el escándalo, sin explicaciones públicas, sin depuración real, sin justicia. No hubo condena política, no hubo autocrítica, no hubo transparencia. Hubo encubrimiento.
Y lo más grave: hubo conocimiento previo. Porque cuando dirigentes socialistas, como Pilar Alegría, se reúnen y socializan con personas sobre las que pesan denuncias conocidas en el entorno político, lo que hay no es ignorancia: es complicidad.
El feminismo que calla cuando el agresor es “de los nuestros”
¿Dónde estaban entonces las feministas del PSOE?
¿Dónde los gritos de “hermana, yo sí te creo”?
¿Dónde las pancartas, los comunicados y las lágrimas de plató?
Desaparecieron. Porque el feminismo socialista solo funciona contra el adversario político. Cuando el presunto abusador es militante, asesor o cargo del partido, la mujer deja de importar.
Los testimonios de Torremolinos, los episodios en comités federales, las denuncias internas en Galicia, incluso manifiestos firmados por militantes socialistas exigiendo el fin de los abusos sexuales dentro del partido, han sido sistemáticamente silenciados. No encajan en el relato. No interesan. No venden.
Leyes ideológicas, mujeres desprotegidas







