
8 de noviembre de 1519: Cuando España llevó la civilización a América
Con España nació el Virreinato de la Nueva España, que fue durante tres siglos una de las regiones más prósperas
El 8 de noviembre de 1519, Hernán Cortés, al frente de unos pocos cientos de hombres, entraba en Tenochtitlán, la capital del imperio mexica, y era recibido por el emperador Moctezuma II. Ese día, hace más de quinientos años, no se produjo una conquista en el sentido simplista con que los enemigos de España la relatan hoy. Lo que se produjo fue el encuentro entre dos mundos: el de una civilización que creía en la dignidad humana y el de otra que practicaba sacrificios humanos, canibalismo ritual y esclavitud. Fue el inicio de una transformación histórica y moral sin precedentes.
No existía México. No existía nación alguna con ese nombre. Existía el Imperio Azteca, una estructura despótica y sangrienta que mantenía sometidos a decenas de pueblos indígenas, obligándolos a entregar prisioneros para ser sacrificados en las pirámides. Hernán Cortés no invadió México; liberó a los pueblos que padecían bajo el yugo mexica y les ofreció algo que nunca habían tenido: una patria, una fe y una lengua común.
Con España nació el Virreinato de la Nueva España, que fue durante tres siglos una de las regiones más prósperas, cultas y civilizadas del mundo. Se fundaron universidades, hospitales, imprentas, caminos, templos, ciudades. Se extendió el castellano, el derecho, la música, la literatura, el arte y, sobre todo, una cosmovisión que reconocía la dignidad del ser humano.
México no existía antes de España; México nació gracias a España.
La verdad frente a la leyenda negra
Cinco siglos después, seguimos siendo rehenes de la leyenda negra, esa fábrica de mentiras urdida por los enemigos de España —los ingleses, los holandeses, los franceses y hoy la izquierda acomplejada— que necesitan humillarnos para justificar su propio fracaso moral. Nos dicen que debemos pedir perdón. ¿Por qué?
¿Acaso debemos pedir perdón por haber llevado la fe en lugar del canibalismo?
¿Por haber enseñado a leer y escribir a millones de hombres libres?
¿Por haber dado a luz a una nueva civilización mestiza, la hispanoamericana, que une en un mismo idioma a más de quinientos millones de personas?
El problema no es el pasado, sino quienes hoy lo manipulan. Y entre ellos destaca la actual presidente de México, una figura tan ignorante como arrogante, que repite el discurso indigenista y resentido del Foro de São Paulo. Pide a España que se disculpe por la conquista, mientras su país se desangra por el narcotráfico, la corrupción y la violencia. Un país donde cada día mueren más personas que en muchas guerras declaradas, donde el Estado ha sido infiltrado por los cárteles y donde el poder político es incapaz de garantizar la seguridad ni de controlar su propio territorio.
¿De qué moral puede presumir México para exigir perdón a España?
México: del esplendor virreinal al caos republicano
Cuando España se vio forzada a abandonar América, el virreinato dejó un legado de instituciones, cultura y prosperidad que tardaron siglos en construirse. Pero los nuevos dirigentes republicanos lo destruyeron en pocas décadas.
Donde hubo universidades, llegó la ignorancia; donde hubo justicia, vino el desorden; donde hubo unidad, se impuso la división.
El México virreinal fue un centro de arte, comercio y cultura que iluminaba el continente. El México posterior, desgajado de la Madre Patria, se hundió en guerras civiles, golpes de Estado y gobiernos corruptos.
Y hoy, cinco siglos después, México es un Estado fallido. Los cárteles dictan la ley; los periodistas son asesinados por decir la verdad; las elecciones están manchadas de miedo; el poder político convive con el crimen organizado.
Y mientras tanto, sus dirigentes culpan a España de todos sus males. No soportan la verdad: que sin España, México sería un conjunto de tribus dispersas.
El día que España se marchó, México empezó a hundirse.
Orgullo de lo que fuimos
No tenemos nada de lo que avergonzarnos. España llevó la civilización al Nuevo Mundo. Construyó universidades antes que en los Estados Unidos, hospitales antes que en Inglaterra, y catedrales antes que existieran las naciones americanas.
Frente a la propaganda del rencor, debemos reivindicar la Hispanidad como el mayor proyecto cultural, espiritual y humano de la historia.
Porque la Hispanidad no fue conquista, sino encuentro; no fue saqueo, sino comunión; no fue destrucción, sino creación.
El 8 de noviembre de 1519 no fue el día en que empezó una tragedia, sino el día en que comenzó una epopeya.
Una epopeya que unió a dos mundos bajo una misma cruz, una misma lengua y una misma esperanza.
Y si hoy México, o cualquier otra nación hispanoamericana, quiere encontrar la raíz de su identidad y su futuro, no debe mirar a Washington ni a Bruselas, sino a Toledo, a Sevilla y a la Madre España, donde comenzó todo.
Javier García Isac
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