Esta noche, el plató de ¡De Viernes! se prepara para desvelar los entresijos de la relación entre Gloria Camila y su hermana, Rocío Carrasco. En este contexto, la vida de Rocío ha cobrado un renovado interés, y todas las miradas se han posado sobre el lujoso enclave donde reside junto a su marido, Fidel Albiac. Una urbanización rodeada de imponentes mansiones y custodiada por discretos guardaespaldas, un verdadero búnker donde la pareja ha encontrado la tranquilidad lejos del foco mediático.
Desde la pérdida de su madre y tras su mediática ruptura con Antonio David Flores, Rocío Carrasco ha optado por mantener un perfil bajo y proteger su intimidad. Su vida transcurre principalmente en su hogar de Madrid, ubicado en la prestigiosa urbanización de Valdelagua. ¿Qué se esconde realmente tras las puertas de su mansión? ¿Cómo es la vida en ese búnker emocional y arquitectónico que comparte con Fidel Albiac?

Un enclave de lujo para una vida en la sombra mediática
Desde que se rompió su relación con Antonio David Flores, Rocío Carrasco ha llevado una vida marcada por el silencio y la discreción. La muerte de su madre, Rocío Jurado, también marcó un antes y un después en su exposición pública. En ese contexto, su decisión de mudarse a Valdelagua no fue casual: se trata de un enclave blindado para quien necesita intimidad absoluta.
Esta urbanización, situada a escasos kilómetros de Madrid, cuenta con poco más de 200 vecinos. No es posible acceder sin invitación previa y está controlada por cámaras las 24 horas, vigilantes privados y control de accesos.
Además de contar con vigilancia y cámaras, la urbanización dispone de su propio restaurante y un club privado para sus residentes. El terreno no pertenece al Ayuntamiento de Madrid, sino a los propios vecinos, quienes se encargan del mantenimiento y limpieza de la zona, lo que aumenta aún más su exclusividad.

Allí, Rocío ha encontrado el refugio perfecto, compartido con su círculo más íntimo. Entre ellos, Terelu Campos o Jorge Javier Vázquez, con quienes comparte reuniones privadas, comidas discretas y momentos de desconexión absoluta.









