Carlos III siempre ha manejado su vida pública con destreza, pero su vida privada esconde una faceta más tranquila y cercana a su familia. Lejos del bullicio de Londres, Carlos III disfruta de la paz y la serenidad que le brinda su entorno. El rey comparte tiempo con su esposa, Camila, y se dedica a actividades que revelan su carácter más privado.
La finca de Sandringham, en Norfolk, ha sido un refugio para Carlos III. En palabras del marqués de Cholmondeley, vecino cercano del rey, “le encanta Norfolk, pasar tiempo tranquilo aquí y plantar árboles”. Su ética de trabajo, incluso ante la adversidad, ha sido notoria para quienes lo rodean, quienes han destacado su incansable dedicación al país.










