En el Principado de Mónaco, el lujo y la discreción han sido siempre la norma, pero en los últimos tiempos, un aire de incertidumbre se ha apoderado del Palacio Grimaldi. El príncipe Alberto II ha sembrado una preocupación colectiva con sus últimas imágenes y decisiones. Aunque la corte monegasca mantiene un estricto silencio, las señales de alarma no han dejado de sonar.
El príncipe de 67 años, conocido por su presencia en diversos eventos internacionales, ha disminuido notablemente su visibilidad pública. Alberto parece dejar de lado el protagonismo que ha caracterizado su mandato, dejando a su esposa Charlene y a su cuñada Carolina de Mónaco en el centro de la escena. El silencio oficial alimenta las dudas sobre las causas de estas decisiones.










