La campaña de vigilancia frente al virus del Nilo Occidental afronta este verano una etapa distinta a la de años anteriores. La Junta de Andalucía ha ampliado el sistema de seguimiento para incorporar también los contagios leves, una modificación que, según las autoridades sanitarias y especialistas consultados, permite conocer con mayor precisión la circulación del virus y actuar antes ante posibles focos.
Este nuevo modelo de control ha supuesto un incremento de las notificaciones registradas durante la temporada. Hasta el momento se han confirmado 17 infecciones, de las que 12 corresponden a cuadros leves, además del primer fallecimiento asociado al virus. La Consejería de Salud sostiene que este aumento responde, en gran medida, a una estrategia diagnóstica más amplia y no necesariamente a una mayor transmisión.
Como parte de ese dispositivo, los servicios sanitarios han realizado 342 análisis de laboratorio, cribados específicos a 107 pacientes con sospecha de arbovirosis y 2.088 pruebas en donantes de sangre, todas ellas con resultado negativo. El objetivo, según la Junta, es localizar de forma temprana los contagios y activar con rapidez las medidas de prevención cuando sea necesario.
El inmunólogo Alfredo Corell, catedrático de la Universidad de Sevilla, considera que el aumento de positivos debe interpretarse con prudencia. A su juicio, la mejora en la capacidad diagnóstica explica buena parte del crecimiento de los casos detectados. El especialista recuerda además que las formas más graves de la enfermedad siguen concentrándose principalmente en personas de edad avanzada o con patologías previas, por lo que apuesta por reforzar la protección de esos colectivos sin generar una alarma social injustificada.
La provincia de Sevilla vuelve a situarse como el principal foco de la enfermedad en Andalucía. Los casos neuroinvasivos, que representan las manifestaciones más severas del virus, han aparecido antes que el pasado año, lo que apunta a una temporada con mayor actividad. En 2024, la comunidad registró uno de los episodios más graves de los últimos años, con 11 fallecidos y más de un centenar de casos graves, un precedente que llevó a las administraciones autonómicas y provinciales a reforzar los programas de vigilancia y control del mosquito transmisor.