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Montaje con tres figuras públicas en primer plano sobre un fondo de mapa y manifestación con banderas iraníes y una reportera con micrófono rojo
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Pan y Circo

Por Jota Camacho

Hay que tener el alma negra, o el cerebro poco amueblado, para no sentir náuseas ante el espectáculo circense que estamos viviendo esta semana. El Adonis cadavérico presidencial que habita la Moncloa, nos trae su última gran obra: una alfombra de mentiras, victimismo barato y cortinas de humo diseñadas para mentes de corto alcance.

Un presidente inepto, obtuso y peligrosamente narcisista que, tras haber roto nuestra relación estratégica con los Estados Unidos, ha activado toda la maquinaria del Estado para que hablemos de mitad tonta, mitad tetas. No digo su nombre aún y sin embargo todos ya sabéis de quien hablo.

Es el triunfo del inepto sobre el estadista; la victoria de la anécdota inventada sobre la supervivencia de una nación que gracias a este sátrapa; hoy somos el hazmerreír de la OTAN y del mundo entero.

Hay que ser un auténtico payaso de feria, y lo digo con el desprecio que merece quien vende su dignidad por un minuto de gloria progre para prestarse a sostener uncabestrillo mal puesto. El caso de Sara Santaolalla no es periodismo, ni es activismo; es una bufonada oportuna. Ver a una mujer fingir una invalidez temporal (la física, porque con la mental deberá convivir siempre) con un vendaje que parece puesto por un niño de preescolar, mientras denuncia una agresión que solo existe en su imaginación subvencionada, es el punto más bajo al que ha caído después de llamar bótox Quiles a nuestro compañero, a pesar de ella misma ser casi una muñeca de plástico. Si estás en contra de la cirugía estética, dilo abiertamente Sara, será bastante gracioso escucharte.

Es una denuncia falsa. De las que, según el dogma de fe del feminismo, "no existen". Pero ahí están los videos, la realidad pura y dura que desmiente el relato de los pisotones y el terrorismo fascista. Salvo que la haya pisado accidentalmente su guardaespaldas de enormes dimensiones y gran radio, en cuyo caso, poco le ha pasado. 

Es un insulto a las verdaderas víctimas de violencia, pero al sanchismo eso le da igual. Lo que importa es el ruido. Lo que importa es que la caterva de borregos paletos que puebla las redes sociales y los platós de la televisión pública tengan algo con lo que indignarse mientras el país se desangra por los cuatro costados.

Es muy ridículo que una activista con ganas de más minutos de gloria se invente estedrama; pero mucho más ridículo y vergonzoso es, que toda la maquinaria del Gobierno se haya volcado en validar esa mentira. Ministros, ministras y menestras, esas figuras que deberían estar velando por el precio de la luz o la seguridad de nuestras fronteras, han salido en tromba a proteger a su bufona más esperpéntica. Han salido a jalear el cabestrillo, a condenar a Vito Quiles sin juicio previo y a elevar el trabajo de mi compañero de esta casa a la categoría de crisis nacional.

¿Por qué? Porque Sánchez sabe perfectamente que esta vez se ha pasado bastante. Sabe que su enfrentamiento con Trump, su negativa a colaborar en la defensa contra el avispero de Irán y su desprecio a los compromisos de la OTAN nos han dejado desnudos. Nos hemos quedado sin escudo nuclear, sin la confianza de Washington y sin el respeto de nuestros socios. Y como el Adonis no lo podría explicar sin recurrir al engaño, por qué nos ha convertido en un miembro mediocre y prescindible de la alianza atlántica, nos lanza a la cara el brazo de Santaolalla. Es una cortina de humo tan densa como su propia amoralidad.

Por culpa de este payaso, estaremos desde ya mucho más vendidos. No es una frase hecha; es la realidad económica que se nos viene encima. Donald Trump ya nos ha puesto la cruz, y cuando el hombre más poderoso del mundo te llama "socio terrible" y amenaza con cortar el flujo comercial, los que pagan la fiesta no son los ministros en sus coches oficiales, ni los 840.000 inmigrantes sin antecedentes penales que van a convivir con nosotros, sino el trabajador que verá cómo el aceite, la luz, los combustibles y la vida misma se vuelven inalcanzables.

La ineptitud de Sánchez tiene un coste en euros, en dólares y en hambre. Su soberbia de creerse por encima de las potencias mundiales, mientras España no es más que una mota en el mapa que él se encarga de empañar cada día, nos va a salir carísima. Mientras la masa aplaude el circo y discute si el cabestrillo está a la izquierda o a la derecha, las sanciones americanas ya están de camino. Pero claro, qué más da que nos arruinen si podemos sentirnos muy progresistas y muy pacifistas…

Ya está bien de insultar la inteligencia de los españoles que aún conservamos un gramo de materia gris. Señor Sánchez, su tiempo se ha agotado en términos de decencia. Si tuviera un mínimo de amor propio por este país al que simula representar, se marcharía hoy mismo. Pero como sabemos que su ego no cabe en nuestro Palacio de la Moncloa, solo nos queda pedirle una cosa: despéñese ya.

Lo digo en sentido figurado. Coja su bicicleta, esa con la que se hace fotos ridículas para fingir una cercanía que no tiene, y despéñese, aunque sea metafóricamente hablando. Tírese por el primer barranco que encuentre y deje de ser el lastre que hunde a España. Déjenos salir adelante a los que sí queremos a este país, a los que no necesitamos inventar agresiones para justificar nuestra existencia y a los que sabemos que sin aliados no somos nada en este mundo globalizado.

Siga usted consumiendo harina refinada que parece ser lo que lo tiene tan cadavérico y no se invente problemas cardiacos. No sea que como castigo divino le pete la patata.España necesita un respiro y usted es el aire viciado que nos asfixia. Ojalá sus restos sirvan de abono a unas tierras que, aunque seguramente se vuelvan infértiles por la toxicidad que usted desprende, al menos se verían libres de su presencia física.

Todos lo agradeceremos. Incluso sus palmeros chaqueteros de la izquierda, esos que hoy le ríen las gracias y le sostienen el cabestrillo mental, serán los primeros en escupir sobre su tumba política cuando el dinero se acabe y no haya más subvenciones para pagar el silencio.

España es mucho más que un presidente tarado y un séquito de bufones mentirosos. Es hora de apagar las luces del circo, quitarle el cabestrillo a la farsante y empezar a reconstruir lo que este adonis ha ensuciado. Váyase señor Sánchez, VAYASE! y no mire atrás. El barranco le espera, y la historia, si tiene algo de justicia, solo le reservará un pie de página en la sección de las grandes estafas nacionales.

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