El barranco del Poyo tendrá en junio lo que debían haberle dado antes de la dana
porEDATV
actualidad
Veinte millones para el Poyo: la reforma que llegó tarde y con doscientas vidas de por medio
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El barranco del Poyo tendrá en junio lo que debería haber tenido hace años. Muros de escollera. Taludes reforzados. Mayor pendiente en el cauce. Geoceldas para frenar el arrastre de sedimentos. Veinte millones de euros invertidos en siete kilómetros de infraestructura hidráulica entre Picanya y la pista de Silla, abarcando Paiporta, Massanassa y Catarroja. Todo lo que la Confederación Hidrográfica del Júcar ejecuta hoy como obra de emergencia es exactamente lo que técnicos, vecinos y expertos en hidrología llevaban reclamando durante años a las distintas administraciones responsables de esta infraestructura. Nadie les escuchó. Nadie movió un euro. Y el 29 de octubre de 2024 el barranco hizo lo que siempre estuvo en condiciones de hacer si se daba la tormenta perfecta.
Las obras se centran en los taludes, las pendientes que desembocan en las orillas del cauce y que fueron arrasadas por la dana. La reconstrucción no busca solo reparar los daños sino preparar el barranco frente a futuros episodios de intensidad similar. Los nuevos muros actúan como barrera física contra el impacto del agua y reducen la capacidad de erosión y arrastre de sedimentos que convirtió aquel tramo en una trampa mortal para los municipios de la zona cero.
Pero hay una pregunta que ningún comunicado oficial responde: ¿por qué estas actuaciones no se ejecutaron antes? No es una cuestión técnica. Es una cuestión de voluntad política y de prioridades presupuestarias. El barranco del Poyo figuraba en informes de riesgo. Estaba identificado como punto crítico. Y sin embargo, año tras año, los fondos fueron a otras partidas y las advertencias quedaron archivadas en cajones que nadie volvió a abrir.
Todavía quedan flecos por resolver. Las aguas residuales, la retirada de los residuos acumulados durante meses en el cauce y el nivelado definitivo del lecho son los últimos pasos antes de dar por concluida la actuación de emergencia. La Confederación trabaja con EPSAR para gestionar las acometidas de saneamiento y ha habilitado campas en el entorno del barranco para el cribado y clasificación de materiales.
Mientras tanto, en Paiporta, en Catarroja, en Massanassa, en Picanya, hay familias que siguen reconstruyendo sus vidas con mucho menos apoyo del que merecen. Hay negocios que no reabrieron. Hay personas mayores que perdieron todo lo que tenían y que siguen esperando respuestas y ayudas que llegan con cuentagotas. Las obras del barranco son necesarias y bienvenidas. Pero no pueden ser la coartada para olvidar que detrás de cada metro de escollera hay nombres, hay historias y hay una deuda que las instituciones todavía no han saldado con las víctimas de la dana.