La República Democrática del Congo vuelve a enfrentarse a un nuevo brote de ébola que ya ha dejado al menos 65 fallecidos y cerca de 250 casos sospechosos en la provincia de Ituri, situada en el este del país. La situación ha encendido las alarmas entre las autoridades sanitarias africanas e internacionales, que siguen muy de cerca la evolución del virus ante el riesgo de una mayor propagación.
Los datos han sido confirmados por los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de África (CDC de África), que explican que la mayoría de los casos se concentran en las zonas de Mongwalu y Rwampara. Además, varias de las muertes ya han sido confirmadas por laboratorio tras analizar muestras en el Instituto Nacional de Investigación Biomédica del Congo.
La preocupación es todavía mayor porque las autoridades temen que el virus pueda extenderse rápidamente debido al intenso movimiento de población en la zona, especialmente en áreas vinculadas a la actividad minera.
Temor a una expansión del virus en la región
Los organismos sanitarios internacionales también vigilan con preocupación la cercanía de las zonas afectadas a países vecinos como Uganda y Sudán del Sur, lo que aumenta el riesgo de transmisión transfronteriza.
A esto se suman otros problemas habituales en este tipo de crisis sanitarias: dificultades para rastrear contactos, falta de recursos médicos y la inseguridad que existe en varias áreas del este del Congo, donde operan distintos grupos armados.







