La gastronomía de Mendoza se ha consolidado como uno de los grandes motores del turismo argentino. No es una moda pasajera, sino el reflejo de su paisaje, del esfuerzo de agricultores y ganaderos, y del talento de cocineros que respetan la tradición mientras la actualizan. Para el visitante, supone descubrir una cultura que valora el producto y el trabajo bien hecho.
Este avance no surge por casualidad, sino de una estrategia continuada que entiende la cocina como parte del patrimonio cultural. Las autoridades provinciales la han impulsado también como herramienta de crecimiento económico. La apuesta combina identidad, empresa y proyección exterior.








