Entrar en el correo, consultar el banco, comprar unas entradas o conectarse un momento al WiFi de una cafetería…
Buena parte de nuestra vida cotidiana pasa ya por Internet y, con ella, también circulan datos personales que conviene cuidar. Para hacerlo no hace falta convertirse en experto en ciberseguridad, con conocer algunos ajustes y poner algo de atención se resuelve casi todo el trabajo.
La primera recomendación es actualizar los dispositivos. Es fácil aplazar el aviso del móvil o del ordenador porque aparece en el peor momento, pero esas actualizaciones no llegan únicamente para estrenar funciones. También corrigen fallos de seguridad detectados en el sistema, las aplicaciones o el propio navegador.
Conviene revisar, además, que las actualizaciones automáticas estén activadas siempre que sea posible. Así se evita depender de la memoria y se reduce el tiempo durante el que permanece abierto un fallo que ya tiene solución.
Las contraseñas siguen siendo importantes, pero necesitan ayuda
Usar la misma contraseña para el correo, una tienda online y una plataforma de entretenimiento resulta cómodo hasta que una de esas claves queda expuesta. Entonces el problema puede extenderse al resto de cuentas.
Un gestor de contraseñas permite guardar claves diferentes y complejas sin tener que recordarlas todas. El usuario únicamente necesita conservar una contraseña maestra especialmente sólida. Es una solución bastante más práctica que recurrir a pequeñas variaciones de una misma clave.
Hay otra medida que merece unos minutos de configuración: la autenticación en dos pasos. El Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE) recomienda activar el doble factor siempre que esté disponible. De esta manera, conocer la contraseña no basta para entrar en la cuenta, también será necesario un segundo elemento de verificación, como un código temporal o una aplicación de autenticación.
Merece la pena empezar por las cuentas que pueden causar más problemas si caen en manos ajenas, como el correo electrónico, la banca, servicios en la nube y redes sociales. También es útil activar las alertas de inicio de sesión. Si aparece un acceso desde un dispositivo o lugar desconocido, se puede reaccionar antes.
Un vistazo a los permisos que hemos concedido
Las aplicaciones acumulan permisos con una facilidad sorprendente. Una app instalada hace meses puede seguir teniendo acceso al micrófono, la cámara, los contactos o la ubicación, aunque ya apenas se utilice.
Tanto Android como iOS permiten revisar esos permisos desde los ajustes. Los navegadores hacen algo parecido con las páginas web. INCIBE recuerda en su información sobre navegación segura por Internet que los navegadores actuales incorporan controles para decidir qué sitios pueden utilizar la cámara, el micrófono, las notificaciones o la ubicación.
Una revisión de vez en cuando basta. ¿Una aplicación de edición de fotografías necesita conocer la ubicación permanentemente? ¿Una página que visitamos una sola vez debe seguir enviando notificaciones? Si la respuesta no está clara, retirar el permiso suele ser una decisión razonable.
Los bloqueadores de ventanas emergentes y las funciones contra el seguimiento también ayudan. Los navegadores actuales incluyen varias de estas opciones de serie, de modo que a menudo basta con entrar en el apartado de privacidad y comprobar cómo están configuradas.
Una VPN añade privacidad a la conexión, pero no hace magia
Para comprender que es una VPN y para que sirve, conviene imaginar una conexión cifrada entre el dispositivo y un servidor VPN. El tráfico pasa primero por ese servidor antes de llegar a Internet, lo que cifra la información durante ese tramo de la conexión y hace que las páginas visitadas vean la dirección IP del servidor en lugar de la IP pública original del usuario. Puede resultar especialmente útil cuando se utilizan redes compartidas o públicas y cuando se quiere reducir la exposición de la dirección IP. Una VPN, sin embargo, no proporciona anonimato absoluto ni sustituye las actualizaciones, las contraseñas seguras o la precaución al navegar.
Ese último matiz importa. Ninguna aplicación convierte Internet en un espacio libre de riesgos. Si alguien introduce voluntariamente sus credenciales en una web fraudulenta, por ejemplo, cifrar la conexión no evita que esos datos terminen en manos de quien controla esa página.
Por eso la VPN tiene más sentido entendida como una pieza dentro de un conjunto de medidas. Exactamente igual que cerrar la puerta de casa no hace innecesario guardar bien las llaves.
Antes de hacer clic, merece la pena mirar dos veces
Los intentos de fraude han aprendido a disfrazarse. Un mensaje puede parecer enviado por una empresa de mensajería, un banco o una plataforma que usamos habitualmente. A veces incluso llega en el momento oportuno, justo cuando estamos esperando un paquete.
Antes de introducir una contraseña, un número de tarjeta o cualquier otro dato sensible, hay que comprobar la dirección de la página. Un dominio extraño, una palabra ligeramente modificada o un enlace acortado que no permite saber a dónde conduce deberían despertar cautela.
Cuando el mensaje supuestamente procede de una empresa conocida, como EMASESA, existe una comprobación muy sencilla: no utilizar el enlace recibido y entrar en el servicio desde su aplicación oficial o escribiendo la dirección habitual en el navegador. Si realmente existe una incidencia con la cuenta, normalmente aparecerá allí.
También es aconsejable reservar las operaciones más delicadas para conexiones conocidas. El WiFi gratuito de un aeropuerto, un hotel o una cafetería puede venir muy bien para consultar una noticia o mirar un mapa, pero no es la mejor opción para acceder al banco o realizar gestiones que impliquen información especialmente sensible. Si no queda otra alternativa, la conexión móvil suele ofrecer un entorno más controlado.
Las copias de seguridad como red de emergencia
Hay una medida de seguridad digital cuyo valor suele descubrirse demasiado tarde: la copia de seguridad. Un móvil perdido, un disco averiado, un borrado accidental o determinados incidentes de seguridad pueden llevarse años de fotografías y documentos en cuestión de minutos.
La solución no exige estar copiando archivos cada domingo por la tarde. Los principales sistemas operativos y servicios en la nube permiten automatizar buena parte del proceso. Lo importante es decidir qué información sería realmente difícil de recuperar y comprobar de vez en cuando que las copias se están realizando correctamente.
En definitiva, navegar con algo más de tranquilidad depende menos de encontrar una herramienta milagrosa que de sumar pequeñas precauciones. Actualizar, utilizar buenas contraseñas, activar el doble factor, controlar permisos, desconfiar de enlaces inesperados y conservar copias de los archivos importantes forman una defensa bastante más sensata que confiar toda la seguridad a una sola aplicación.