Las fresas y fresones son, sin duda, unas de las frutas más codiciadas en las fruterías, gracias a su irresistible sabor, color y textura. Sin embargo, la procedencia de estas frutas a menudo genera confusión entre los consumidores. Es difícil distinguir a simple vista si son de origen español o marroquí, lo que plantea preocupaciones sobre su seguridad y calidad.
Recientemente, se emitió una alerta sobre la presencia de hepatitis A en fresas marroquíes destinadas al mercado español. Esta situación generó una gran inquietud entre los consumidores y destacó la importancia de conocer el origen de los alimentos que consumimos. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) enfatizó la necesidad de estar informados sobre qué comemos y de dónde proviene.
La normativa alimentaria exige que se especifique el origen de los productos frescos, como las frutas y verduras, en sus etiquetas. Por ejemplo, las fresas deben incluir información sobre su país de origen, ya sea en la etiqueta del envase o en carteles visibles en el lugar de venta. Esta medida busca proporcionar transparencia a los consumidores y permitirles tomar decisiones informadas sobre sus compras.

Además de conocer el origen de los alimentos, es fundamental conservarlos adecuadamente para garantizar su frescura y seguridad. Un método eficaz para identificar el origen de los productos es a través del código de barras. El Código Numeración Europea de Artículos (EAN) contiene dígitos que indican el país o región de emisión.






