A pocos metros de Les Corts Valencianes, en pleno centro histórico de Valencia, hay una finca ocupada ilegalmente con pintadas que se jactan de ello a la vista de todo el mundo, incluidos los diputados que entran y salen del parlamento. La plaza del Salvador lleva décadas siendo un solar ruinoso abandonado a su suerte, propiedad de Les Corts, y el estado de desidia ha terminado generando exactamente lo que genera la desidia urbanística cuando nadie actúa: ocupación ilegal y vandalismo como forma de protesta.
María José Catalá, diputada en Les Corts y alcaldesa de Valencia, ha señalado el problema con nombre y apellidos. Un parlamento que linda pared con pared con inquilinos ilegales mientras la izquierda valenciana repite que el problema de la ocupación "no existe" o es "una invención" resulta, cuando menos, difícil de justificar. Para la izquierda, según ha explicado Catalá, el problema es "una invención pero para no existir son muy poco abstractos en algunos casos".
El voxista Joaquín Alós no ha tenido reparos en señalar a los responsables directamente en el pleno parlamentario de este miércoles: "La okupación degrada barrios y ustedes la fomentan". Una afirmación que apunta a Compromís y al PSPV por años de permisividad con la ocupación ilegal en la Comunitat Valenciana, ignorada olímpicamente mientras gobernaban.
Lo que hace más llamativa la situación es la historia del propio solar. El Plan de Ciutat Vella contempla que el 60% del terreno, propiedad de la Generalitat y cedido a Les Corts, debería servir para una plaza pública. Desde 1996 Les Corts impidió que se urbanizara como plaza al pretender construir una residencia y una biblioteca. Aquello no cuajó y desde entonces el solar solo fue noticia por hallazgos arqueológicos. En noviembre de 2004 un grupo de vecinos creó una asociación para defender el proyecto original. El anterior president de Les Corts, Enric Morera, de Compromís, impulsó gestiones con Joan Ribó, pero tampoco llegaron a buen puerto.
El resultado está a la vista. Una plaza en el corazón monumental de Valencia convertida en descampado, con viviendas ocupadas ilegalmente a su alrededor y pintadas que proclaman la ocupación como acto de resistencia frente a Les Corts. Treinta años de inacción institucional, la mayoría de ellos con la izquierda al frente de las instituciones valencianas, han dejado este regalo envenenado a las puertas del parlamento valenciano.