Una empresa cedió excavadoras para sacar a vecinos de un núcleo de unas 100 viviendas aislado por el agua
Roberto, de 72 años, y su mujer, Dolores, han vivido en Oliva su segunda riada en el mismo lugar: la de 1987 y ahora la de la dana Adam. Han salido de su casa subidos a la pala de una excavadora, después de pasar la noche en la buhardilla viendo subir el agua. “Esto es una catástrofe”, resume él.
Una noche en la buhardilla
Según su relato, el agua empezó a entrar y el nivel no dejó de subir. Los muebles comenzaron a flotar, entre ellos dos neveras, y una de ellas le golpeó en la cabeza. La pareja se encaramó a la buhardilla y allí pasó toda la madrugada, tapada con una manta y empapada, con el temor de ver cómo seguía subiendo el agua. Saber lo que ocurrió en la dana de 2024 hizo la noche todavía más angustiosa.
La ventana, como última opción
Tenían previsto salir por una ventana y quedarse en el tejado si el agua seguía creciendo, aunque no fue necesario. Roberto cuenta que cada vez que veía pasar un helicóptero agitaba las manos para que lo vieran y que llegó a llamar dos veces al 112.
Rescatados con una excavadora
La ayuda llegó pasadas las 13.00 horas con una excavadora de la empresa Pavasal. La compañía ha cedido varias máquinas para rescatar a parte de los cientos de vecinos atrapados en el litoral de Oliva. Dolores llegó al casco urbano del mismo modo, subida a la pala. Como otras tres familias, son vecinos de un núcleo de unas 100 viviendas, la mitad de ellas habituales. Roberto agradece la labor de la empresa, que ha sacado a mucha gente de la zona.
Caminos anegados y núcleos aislados
La dana ha reventado el entramado de pequeñas vías de acceso, muchas entre naranjos, que conducen a las zonas más próximas a las playas de la Safor. Varios caminos agrícolas asfaltados para dar servicio a urbanizaciones han quedado anegados. A esos núcleos solo se ha podido llegar por aire, en kayak o con tabla de paddle surf, y también con todoterrenos, vehículos de la UME o excavadoras.
Más agua que en 1987
Roberto, que vivió también la riada de 1987 en el mismo lugar, asegura que esta no tiene comparación. Pese a las reformas hechas en la casa, calcula que el agua ha subido entre 40 y 50 centímetros más que entonces.
Unas semanas inciertas
La pareja afronta ahora unos días complicados. Roberto debe comprobar qué cubre el seguro, que nunca había utilizado, y espera a que baje el nivel del agua para ver cómo ha quedado la vivienda. El coche y la moto, nuevos, han quedado casi cubiertos.
Roberto y Dolores esperan ahora a que baje el agua para volver a su casa en Oliva, comprobar los daños y empezar los trámites con el seguro.