La espiral de terror islamista en el África central vuelve a golpear con ferocidad al mundo cristiano. Según informa La Razón, la filial centroafricana del Estado Islámico ha reivindicado la decapitación de doce cristianos en la aldea de Maiba. Una atrocidad más que pasa casi desapercibida fuera de los medios que aún se atreven a denunciar este genocidio silenciado.
El comunicado de los terroristas, donde celebran el ataque 'con la ayuda de Alá', refleja la brutalidad ritual con la que el yihadismo busca borrar del mapa a las comunidades cristianas. Estas prácticas forman parte de una propaganda macabra que opera impunemente desde hace años en la región. Sin embargo, la comunidad internacional sigue mirando hacia otro lado mientras este exterminio avanza.
El ataque se suma a un escenario ya conocido en Kivu Norte, controlado en parte por grupos vinculados al Estado Islámico. Iglesias, aldeas y familias cristianas han sufrido decenas de masacres documentadas. En febrero, se registró otra matanza masiva en Maiba–Kasanga, igualmente ignorada por quienes deberían alzar la voz.








