El intento de asesinato contra el expresidente Donald Trump el pasado sábado en un mitin en Pensilvania ha desencadenado múltiples investigaciones y ha expuesto serias fallas en los protocolos de seguridad. El incidente, ocurrido en Butler, dejó a un asistente muerto y a dos personas gravemente heridas, además de una herida en la oreja de Trump.
El sospechoso, identificado como Thomas Matthew Crooks, de 20 años, fue visto de manera sospechosa merodeando con una mochila grande y utilizando un telémetro para observar los techos cercanos al escenario donde Trump hablaría. A pesar de que la policía local tomó nota de su comportamiento inusual y compartió su foto entre los oficiales, Crooks logró escabullirse y subir a un edificio cercano desde donde disparó.

Seis minutos después de que Trump comenzara su discurso, Crooks abrió fuego desde el techo de un edificio perteneciente a AGR International Inc., una empresa de equipos de automatización. Equipado con un rifle estilo AR y explosivos caseros en su coche, Crooks fue abatido por un equipo de francotiradores de la policía después de causar caos y pánico en el evento.
Las investigaciones han revelado que hubo una falta de comunicación efectiva entre las múltiples agencias de seguridad involucradas. La seguridad del evento contó con la colaboración de al menos seis agencias diferentes, incluyendo dos oficinas del sheriff, la policía local, la policía estatal y varios equipos del Servicio Secreto, además de bomberos y personal de rescate.
Además la estampa de tiempo deja más dudas sobre el atentado.







