El régimen islamista iraní ejecuta a un estudiante acusado de colaborar con Israel y Estados Unidos
porEDATV
politica
Erfan Shakourzadeh fue ahorcado por presuntos vínculos con la CIA y el Mosad tras meses de encarcelamiento
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Irán volvió a mostrar este lunes el rostro más duro de su régimen. Las autoridades ejecutaron al estudiante Erfan Shakourzadeh, acusado de colaborar con la CIA y el Mossad. La ejecución se produjo en plena escalada de tensión con Estados Unidos e Israel.
El joven, de 29 años, cursaba estudios de posgrado en la Universidad Iraní de Ciencia y Tecnología de Teherán. Según el portal judicial Mizan Online, fue condenado por espionaje tras supuestamente facilitar información sensible sobre tecnología satelital.
Sin embargo, organizaciones internacionales cuestionan completamente la versión oficial del régimen iraní. Tanto la ONG Iran Human Rights como Hengaw denunciaron que el estudiante permaneció aislado durante meses y sufrió torturas físicas y psicológicas. Antes de morir, Shakourzadeh dejó un mensaje rechazando todas las acusaciones. Aseguró que las confesiones fueron obtenidas bajo coacción y pidió que su caso no quedara silenciado ante la opinión pública.
La ejecución tuvo lugar en la prisión de Ghezel Hesar, situada cerca de Teherán. Según Hengaw, el universitario había sido trasladado días antes desde la cárcel de Evin, conocida por albergar presos políticos y opositores. El caso refleja el creciente clima represivo que atraviesa Irán desde el inicio de la guerra regional a finales de febrero. Desde entonces, el régimen ha intensificado las condenas ejemplares y las ejecuciones públicas.
Estudiante iraní ejecutado por acusaciones de espionaje
Shakourzadeh es ya la quinta persona ejecutada por supuestos delitos de espionaje durante los últimos meses. Además, trece hombres vinculados a las protestas de enero también fueron ahorcados recientemente. Las autoridades iraníes mantienen una estrategia basada en el miedo y el control social. Diversas organizaciones de derechos humanos denuncian que Teherán utiliza la pena de muerte para sofocar cualquier signo de disidencia.
El estudiante ejecutado destacaba además por su brillante expediente académico. Tras graduarse en ingeniería eléctrica en la Universidad de Tabriz, ingresó en uno de los programas aeroespaciales más prestigiosos del país. Según Hengaw, fue sometido durante nueve meses a intensas presiones psicológicas para forzar declaraciones incriminatorias. Pese a ello, el régimen decidió difundir sus supuestas confesiones en la televisión estatal iraní.
La República Islámica continúa ocupando los primeros puestos mundiales en número de ejecuciones. Solo China supera actualmente a Irán, según las principales organizaciones internacionales de derechos humanos. Las cifras resultan alarmantes incluso para estándares de regímenes autoritarios. Durante 2025 fueron ejecutadas al menos 1.639 personas y, en lo que va de 2026, ya se contabilizan cerca de 190 ahorcamientos.
Mientras Occidente centra parte de su atención en los conflictos militares de Oriente Medio, el aparato represivo iraní sigue actuando con total contundencia dentro de sus fronteras. El caso de Shakourzadeh vuelve a evidenciar la ausencia de garantías judiciales en uno de los regímenes más herméticos del mundo.