El malestar del pueblo saharaui con el Gobierno de Pedro Sánchez ha vuelto a aflorar con fuerza coincidiendo con el 50 aniversario de la proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). En los campamentos de refugiados situados en la hamada argelina, una de las zonas más áridas del planeta, el sentimiento es claro: abandono, frustración y una creciente desconfianza hacia España.
Tal y como recoge el diario El Mundo, muchos saharauis expresan abiertamente su decepción con el Ejecutivo español. “No esperamos nada de los socialistas españoles”, resume un habitante del campamento de Auserd, reflejando una percepción extendida entre una población que lleva décadas esperando una solución a su situación.

Una historia marcada por el exilio
Más de 200.000 saharauis sobreviven hoy repartidos en cinco campamentos en Argelia, tras haber huido de su territorio en 1975, en un proceso de descolonización inconcluso por parte de España. Muchos de ellos conservaban documentación española, pero sus descendientes han quedado en una situación de apatridia que agrava aún más su precariedad.
A pesar de los lazos históricos, culturales y lingüísticos —el español sigue siendo una lengua habitual en los campamentos—, los saharauis denuncian un trato desigual respecto a otros colectivos vinculados a España. Mientras se han facilitado procesos de nacionalización a descendientes de emigrantes en América Latina, los saharauis aseguran que sus reivindicaciones siguen sin respuesta.
El caso de Zeinabu Dah: símbolo de las trabas
Uno de los ejemplos que ilustran esta situación es el de Zeinabu Dah, una joven universitaria saharaui de 30 años y coordinadora adjunta del Centro Nacional de Oftalmología en Rabuni. A pesar de trabajar en una institución financiada parcialmente por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), Dah ha visto cómo se le denegaba hasta en tres ocasiones el visado para viajar a España.







