Tengo que decir que mi postura está en las antípodas de lo que apunta la ministra. En mi opinión, la fórmula para dar fortaleza al sector público no es prohibir ni impedir desarrollarse profesionalmente a los médicos, sino todo lo contrario. Debería introducirse más flexibilidad en la gestión de recursos, incluida la gestión de las personas, clave en Sanidad, y además apostar por darles el liderazgo y el protagonismo necesario en la toma de decisiones en el sistema, puesto que ellos son quienes conocen realmente el día a día de la atención a los pacientes. Si las administraciones les facilitaran los medios para crear valor en el sistema público e introdujeran herramientas de gestión de personas actualizadas a lo que demandan los profesionales del siglo XXI, sería más fácil atraer y fidelizar talento.
El sistema debería evolucionar hacia un modelo más flexible, abierto y que se adapte al cambio y a lo que pacientes y profesionales demandan. Frente a la prohibición hay que apostar por la profesionalización del sistema, la delegación de responsabilidades en los profesionales y el consenso sobre el modelo.
Lo que hace esta ministra es recurrir a fórmulas que ya se han demostrado ineficaces en el pasado. Si un profesional excelente y con capacidad quiere asumir responsabilidades en el sistema público, pero también desarrollarse en la Sanidad privada, prohibirle esto último puede hacer que descarte su trabajo en la Sanidad pública, y puede llevar a la descapitalización de los mejores profesionales del sistema público.
Y por lo que respecta a los MIR, a nadie le cabe en la cabeza que profesionales que han estudiado al menos seis años de carrera, más otro año de preparación del examen MIR, más los cuatro años de trabajo y formación como médico interno residente pueda ser obligado a trabajar sí o sí cinco años más en el sistema público, en una suerte de contrato obligatorio y cautivo. Después de como mínimo 11 años de formación y aprendizaje, y en una profesión tan vocacional, donde la pasión y el esfuerzo son tan importantes, su criterio personal debería ser suficiente para tomar las decisiones que estimen convenientes. Hacer “prisioneros” a quienes quieres atraer como profesionales me parece una propuesta terrible.
Tampoco entiendo por qué la ministra quiere generar este tipo de debates cuando tenemos tantos otros problemas sobre la mesa desde hace años sin resolver. Prioricemos y seamos serios, por favor. Mientras se polemiza sobre propuestas absurdas, las listas de espera siguen creciendo, la Atención Primaria está colapsada, no se introduce la tecnología al ritmo que es necesario y el sistema empieza a mostrar signos claros que apuntan a su agotamiento para dar respuesta eficaz a las necesidades de los ciudadanos.