Una generación atrapada fuera del mercado laboral
Los datos oficiales muestran la magnitud de un problema que Marruecos lleva años sin conseguir resolver. Según la Encuesta Nacional sobre el Empleo del Alto Comisariado de Planificación, en 2023 había 1,5 millones de jóvenes entre 15 y 24 años que ni estudiaban ni trabajaban.
La cifra aumenta hasta los 2,9 millones cuando el análisis se amplía a los menores de 30 años. Esto significa que aproximadamente uno de cada tres jóvenes marroquíes en edad laboral permanece fuera del empleo y del sistema educativo.
El porcentaje alcanza el 33,6%, casi tres veces más que el promedio registrado por la OCDE, situado en torno al 12%. La cifra también supera la media de la región de Oriente Medio y Norte de África, lo que refleja la dimensión del problema.
La situación resulta especialmente llamativa porque Marruecos ha registrado un crecimiento económico significativo durante buena parte de la última década. Según el Banco Mundial, el país solamente sufrió una contracción económica en 2020, coincidiendo con el impacto de la pandemia.
Durante siete de los últimos diez años, además, la economía marroquí creció por encima del 3%. Sin embargo, ese crecimiento no se ha traducido en suficientes empleos para absorber a una población joven que sigue encontrando enormes dificultades.
Las cifras de desempleo evidencian esa contradicción entre crecimiento y oportunidades laborales. En 2022, el paro general se situaba en el 9,2%, mientras que entre los jóvenes de 15 a 24 años alcanzaba el 24,9%.
El problema afecta incluso a quienes cuentan con una mayor preparación académica. Entre los jóvenes con estudios superiores, la tasa de desempleo llegaba hasta el 59,2%, según el Banco Mundial.
La formación, por tanto, tampoco garantiza en Marruecos una incorporación efectiva al mercado laboral. Para una parte importante de la juventud, completar los estudios no supone necesariamente encontrar un empleo con el que construir un proyecto de vida.
El riesgo de quedar atrapados durante años
La situación de los llamados ninis presenta además un problema añadido: muchos jóvenes tienen enormes dificultades para abandonar esa condición. Un estudio del Banco Mundial analizó precisamente la evolución de este colectivo y constató una reducida movilidad hacia el empleo.
Los investigadores comprobaron que la mayoría de quienes eran ninis en 2010 continuaban fuera del mercado laboral y del sistema educativo diez años después. El dato refleja que la inactividad puede convertirse en un problema estructural que acompañe a una persona durante buena parte de su vida.
Las mujeres jóvenes presentan una especial vulnerabilidad ante esta situación, especialmente después del matrimonio o la maternidad. También influyen el nivel educativo y el lugar de residencia, ya que las grandes ciudades concentran mayores oportunidades laborales.
En las localidades pequeñas existen menos alternativas, mientras que determinadas zonas rurales mantienen una economía vinculada principalmente al sector agrario. El resultado es una generación con dificultades para incorporarse plenamente a la actividad productiva del país.
Esta desconexión prolongada tiene consecuencias que van mucho más allá del ámbito laboral. Marruecos pierde trabajadores potenciales, capacidad de consumo e ingresos fiscales, mientras aumenta la frustración entre quienes no encuentran una salida.
Una factura de miles de millones para Marruecos
El elevado número de jóvenes inactivos también tiene un coste directo para las arcas públicas marroquíes. Una investigación académica publicada en 2024 calculó en 60.000 millones de dirhams el impacto generado por los ninis de entre 15 y 24 años.
La mayor parte de esa cantidad, unos 55.000 millones de dirhams, correspondía a los salarios que potencialmente podrían haber generado esos jóvenes. Otros 5.000 millones estaban relacionados con los impuestos que habrían aportado a las arcas públicas.
El estudio calculaba que aquella cantidad representaba aproximadamente el 5,3% del PIB marroquí de 2019. Sin embargo, la factura podría ser considerablemente mayor si se toma como referencia el conjunto de jóvenes menores de 30 años.
Aplicando una estimación similar a los 2,9 millones de ninis actuales, el coste económico podría alcanzar los 131.000 millones de dirhams. La cantidad equivaldría aproximadamente a 12.200 millones de euros, cerca del 7,6% del PIB marroquí de 2025.
El cálculo parte de un salario mínimo bruto anual cercano a los 41.000 dirhams e incorpora una tributación aproximada del 10%. Aunque se trata de una estimación, permite comprender la enorme pérdida económica que supone mantener a millones de jóvenes alejados del empleo.
El problema, por tanto, no se limita a las consecuencias sociales de la falta de trabajo. También supone una pérdida de riqueza para el conjunto del país y reduce la capacidad de Marruecos para aprovechar el potencial de su población joven.
Emigrar aparece como una alternativa
Ante la falta de oportunidades, una parte importante de los jóvenes marroquíes contempla abandonar el país. Los estudios realizados durante los últimos años muestran una predisposición migratoria especialmente elevada entre esta generación.
El Barómetro Árabe llegó a situar en torno al 70% la intención de emigrar entre los jóvenes marroquíes. Además, existía una diferencia de aproximadamente 45 puntos respecto a las generaciones de mayor edad.
Los datos más recientes mantienen una tendencia preocupante. El Barómetro Árabe de 2025 señalaba que hasta el 55% de los marroquíes de entre 18 y 35 años había pensado en emigrar.
La posibilidad de recurrir a vías irregulares también aparece entre una parte significativa de quienes quieren abandonar el país. Esta opción era especialmente respaldada por personas con menores ingresos y niveles educativos más bajos.
La presión migratoria sobre España debe analizarse también dentro de este contexto. Ceuta se encuentra en primera línea ante unos movimientos que responden a múltiples factores, entre ellos la falta de expectativas económicas al otro lado de la frontera.