El precio de la energía en España no ha dejado de subir desde la llegada de Pedro Sánchez a La Moncloa. En 2019, el coste medio se situaba en 53,4 euros por megavatio hora. Seis años después, en 2025, ha alcanzado los 83,7 euros, según los datos oficiales del gestor del sistema, Red Eléctrica.
El salto no es menor. Supone un incremento del 56 %, una cifra que refleja hasta qué punto se ha encarecido el sistema eléctrico en los últimos años.
Todo ello choca con el mensaje que ha trasladado el Gobierno durante este tiempo, centrado en que el impulso de las energías renovables ayudaría a contener los precios. La realidad, al menos por ahora, apunta en otra dirección.
Un sistema cada vez más caro de mantener
Detrás de esa subida hay varios factores, pero uno de los más relevantes está en los llamados servicios de ajuste. Son los mecanismos que se activan para mantener estable la red eléctrica cuando la generación no encaja con la demanda.
En 2019, estos costes eran prácticamente residuales. Hoy en día se han multiplicado y forman parte importante del precio final. El motivo es sencillo: un sistema con más peso de renovables necesita más respaldo para funcionar sin sobresaltos.
Eso obliga a activar otras tecnologías, como las centrales de gas, lo que acaba encareciendo el conjunto. Es un efecto menos visible, pero cada vez más determinante.
La factura sube y el debate sigue abierto
Al final, todo ese entramado técnico acabamos pagándolo los consumidores. El precio mayorista es solo una parte. A él se suman impuestos, peajes y otros costes que terminan inflando la factura de la luz.
Mientras tanto, el debate sobre el modelo energético sigue abierto. El Gobierno defiende que es el camino correcto, pero los datos actuales reflejan un sistema más caro y más complejo de sostener.
Con este escenario, la pregunta empieza a ser inevitable: si el objetivo era abaratar la energía, ¿por qué el resultado está siendo el contrario?