Pedro Sánchez afronta un creciente aislamiento dentro de la Unión Europea por la gestión de la situación en Ceuta. Veintidós socios comunitarios han cuestionado la respuesta española y la política migratoria del Ejecutivo, mientras el presidente ha calificado algunas posiciones de "egoístas" y "polarizadoras".
La tensión contrasta con el tono empleado por Moncloa hacia Marruecos. Pese a que miles de jóvenes cruzaron la frontera desde territorio marroquí, el Gobierno español no ha responsabilizado públicamente a Rabat y ha destacado su cooperación posterior para facilitar los retornos.
La Comisión Europea y varios gobiernos ofrecieron ayuda a España durante la emergencia. Sin embargo, Sánchez optó por gestionar la situación de forma bilateral y mantuvo su apuesta por una relación estrecha con Marruecos. La postura española también inquieta por sus posibles efectos sobre el espacio Schengen y el resto de la Unión.
Pedro Sánchez se enfrenta a 22 socios de la UE por Ceuta mientras evita señalar a Marruecos
La política migratoria de Sánchez divide a Europa
El malestar europeo no comenzó con Ceuta. Varios gobiernos ya cuestionaban la regularización extraordinaria impulsada por España, una decisión adoptada después de que los Veintisiete acordaran reforzar los controles fronterizos y acelerar las expulsiones de inmigrantes en situación irregular.
Sánchez también había mostrado reservas sobre algunos elementos del nuevo pacto migratorio europeo, especialmente los centros situados fuera de la Unión para gestionar retornos. Esa postura lo ha alejado incluso de dirigentes socialdemócratas como la danesa Mette Frederiksen, partidaria de políticas más restrictivas.
La situación ha llevado a la presidencia irlandesa de la UE a convocar una reunión extraordinaria de los ministros de Interior. También se activará el mecanismo europeo de coordinación política ante crisis graves, mientras los embajadores preparan una respuesta común al enfrentamiento abierto entre España y buena parte de sus socios.
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Europa mantiene el apoyo a Rabat pese a las dudas
La Comisión continúa definiendo a Marruecos como un socio estratégico y ha agradecido su colaboración para readmitir a quienes regresaron desde Ceuta. Bruselas intenta evitar una ruptura diplomática con Rabat, aunque crecen las preguntas sobre cómo pudo producirse una llegada de semejante magnitud.
El exministro sueco Carl Bildt ha señalado que resulta difícil imaginar que las autoridades marroquíes desconocieran el movimiento de decenas de miles de personas hacia la frontera. Otros analistas han planteado incluso la posibilidad de una operación de presión, aunque esa hipótesis no ha sido confirmada oficialmente.
Sánchez mantiene su defensa de la cooperación con Marruecos y rechaza las críticas de sus socios. Ceuta ha dejado al presidente enfrentado con una amplia mayoría de la UE, justo cuando Europa endurece su política migratoria y reclama un mayor control de las fronteras exteriores.