La posición de Pedro Sánchez dentro de la Unión Europea se está debilitando de forma evidente. En Bruselas, su figura pasa prácticamente desapercibida, algo llamativo si se tiene en cuenta que España es la cuarta economía del bloque y que lleva años al frente del Gobierno.
Lejos de ganar peso, el Ejecutivo español ha ido quedando al margen de decisiones clave. En varios foros internacionales, España no ha estado presente en iniciativas impulsadas por las principales potencias europeas, lo que ha alimentado la sensación de aislamiento.
Uno de los ejemplos más claros se produjo con el manifiesto internacional para garantizar la seguridad en el estrecho de Ormuz, firmado por países como Alemania, Francia o Reino Unido. España, pese a su peso en la UE, no participó en ese acuerdo, quedando fuera de una iniciativa estratégica en plena crisis energética.
Ausencias en decisiones clave y presencia tardía
No se trata de un caso aislado. En otras ocasiones, el Gobierno ha llegado tarde a acuerdos relevantes o directamente ha quedado al margen. En reuniones clave sobre Ucrania o encuentros preparatorios entre líderes europeos, la participación española ha sido limitada o inexistente.
Mientras otros países coordinan posiciones, España aparece descolgada o incorporándose a posteriori, lo que reduce su capacidad de influir en las decisiones.







