La situación económica de los menores de 35 años en España ha llegado a un punto que muchos expertos califican de “insostenible”. La última Encuesta Financiera de las Familias 2024 del Banco de España revela que su riqueza neta se ha desplomado un 72 % desde la crisis financiera, un retroceso que no se veía en décadas y que ha encendido todas las alarmas entre economistas y sociólogos. La generación que debía liderar el futuro del país se encuentra atrapada en un escenario de precariedad que no deja de agravarse.
El patrimonio mediano de estos hogares ha pasado de 81.700 euros en 2008 a apenas 22.900 euros en 2024. Para numerosos analistas, esta caída no es fruto del azar ni de un ciclo económico adverso, sino de una acumulación de decisiones políticas que no han logrado frenar el deterioro de las condiciones de vida de los jóvenes. Señalan que, mientras el Gobierno presume de crecimiento y estabilidad, la realidad de quienes intentan emanciparse o formar un hogar es radicalmente distinta.
A pesar de que los salarios han subido un 10 % en 16 años, la inflación acumulada del 38 % ha borrado cualquier avance. Colectivos juveniles denuncian que el Ejecutivo ha reaccionado tarde y mal ante la pérdida de poder adquisitivo, limitándose a medidas parciales que no han frenado la caída del nivel de vida. La sensación generalizada es que la generación más preparada de la historia vive con menos oportunidades que sus padres.
La vivienda, el gran agujero negro económico para los menores de 35 años
El acceso a la vivienda se ha convertido en el principal factor que explica el empobrecimiento juvenil. En 2008, casi dos de cada tres jóvenes eran propietarios de un inmueble. Hoy, apenas un 36,7 % lo consigue. El desplome de casi 30 puntos refleja un cambio estructural que, según expertos del sector, se ha visto agravado por la falta de políticas estables y por la incapacidad del Gobierno para contener la escalada del alquiler y del precio del metro cuadrado.
El valor de la vivienda principal entre los jóvenes se situó en 168.000 euros en 2024, un 13 % menos que en 2008. Pero esta cifra no es un alivio: simplemente hay menos jóvenes comprando. Quienes logran acceder al mercado deben asumir hipotecas medias de 90.000 euros y superar requisitos bancarios cada vez más estrictos. Analistas financieros subrayan que el descenso del porcentaje de hogares jóvenes en situación vulnerable, del 24 % al 4,1 %, no es una mejora real, sino la consecuencia de que la mayoría ni siquiera puede endeudarse.
A esta crisis se suma un dato demográfico inquietante: los jóvenes representan solo el 7,8 % de los hogares en España. Sin la llegada de inmigrantes, que han sostenido la creación de nuevos hogares, la cifra sería aún menor. El Banco de España destaca que el 70 % de los hogares inmigrantes posee vivienda, el doble que los jóvenes españoles, lo que evidencia una desigualdad creciente en el acceso a la propiedad.
Una generación atrapada entre salarios estancados, precios disparados y promesas incumplidas
El informe también revela que los jóvenes gastan hoy un 8 % menos en alimentación que hace 16 años, un ajuste que muchos sociólogos interpretan como un síntoma claro de empobrecimiento. La combinación de sueldos que no avanzan, precios que no dejan de subir y un mercado inmobiliario inaccesible ha creado un escenario en el que la movilidad social se reduce año tras año.
Diversos colectivos denuncian que las medidas anunciadas por el Ejecutivo han sido insuficientes, tardías o directamente ineficaces. Señalan que la falta de acceso a la vivienda no solo impide ahorrar, sino que retrasa la emancipación, la formación de nuevas familias y la estabilidad económica. Para muchos jóvenes, la idea de tener un hogar propio se ha convertido en un horizonte cada vez más lejano.
El Banco de España concluye que la brecha patrimonial entre jóvenes y hogares de mayor renta se ha ampliado de forma constante desde 2008. Para numerosos expertos, esta tendencia confirma que el problema es estructural y que requiere reformas profundas que vayan más allá de los anuncios y los titulares. Mientras tanto, una generación entera sigue esperando soluciones que no terminan de llegar.