En varias ciudades de España, la celebración del fin del Ramadán en la vía pública ha provocado cortes de calles y problemas de movilidad para muchos vecinos. En algunos casos, residentes han denunciado que no podían sacar sus coches de los garajes ni circular con normalidad, llegando incluso a avisar a la policía. Estas situaciones han generado malestar y sensación de falta de control en determinados barrios.
Cada vez son más las críticas hacia la permisividad de las autoridades ante este tipo de concentraciones, que ocupan espacios públicos sin garantizar el equilibrio con el resto de ciudadanos. Muchos vecinos consideran que sus derechos quedan en segundo plano mientras se priorizan determinadas celebraciones. La falta de una regulación clara está alimentando el conflicto social.

A esto se suma la polémica por el uso de dinero público en actividades relacionadas con el Ramadán, como eventos o comidas organizadas desde instituciones. Distintas voces denuncian que estos recursos salen del bolsillo de todos los ciudadanos. Sin embargo, no existe la misma implicación institucional con el cristianismo.







