El mensaje del Ministerio del Interior llega en un momento especialmente sensible, marcado por el cuestionamiento público de los sistemas de protección y por una creciente preocupación social ante posibles fallos en mecanismos diseñados para garantizar la seguridad de las víctimas.
El Ministerio del Interior ha defendido que las víctimas de agresiones sexuales confían cada vez más en las instituciones, incluso en medio de la polémica por los fallos detectados en las pulseras telemáticas de control a agresores. Una afirmación que ha generado una fuerte controversia, al producirse en paralelo a un creciente cuestionamiento sobre la eficacia real de estos sistemas de protección.
Desde el departamento dirigido por Fernando Grande-Marlaska se sostiene que el aumento de denuncias responde a una mayor confianza de las víctimas y a una mayor visibilización de estos delitos. Sin embargo, este relato llega en un momento especialmente delicado, marcado por las dudas sobre el funcionamiento de dispositivos clave para garantizar la seguridad de las mujeres.

Fallos en las pulseras y un discurso oficial bajo sospecha
Las pulseras telemáticas, diseñadas para vigilar el cumplimiento de órdenes de alejamiento, han quedado en el centro del debate tras conocerse incidencias en su funcionamiento. Estos fallos han encendido las alarmas sobre la fiabilidad de un sistema que debería ofrecer garantías plenas en situaciones de riesgo.
Pese a ello, Interior insiste en descartar un problema estructural, defendiendo que el sistema sigue siendo eficaz. Esta postura ha sido recibida con escepticismo por parte de sectores que consideran que minimizar los errores detectados supone restar importancia a una cuestión especialmente sensible.






