La influencia política de Santos Cerdán sigue presente en el Ejecutivo pese a su salida orgánica del PSOE y a las investigaciones que rodean su figura.
El reciente nombramiento de Elma Saiz como portavoz del Gobierno ha reactivado el foco sobre las redes internas de poder que marcaron el socialismo navarro. Saiz asume por segunda vez la portavocía de un gabinete, ahora en Madrid, tras una trayectoria ligada a decisiones estratégicas previas al salto nacional.
Su primer papel relevante llegó en Navarra, donde ejerció como voz del Ejecutivo de María Chivite en un contexto de control interno del partido. Aquella designación respondió a una arquitectura política diseñada desde la secretaría de Organización del PSOE, entonces en manos de Cerdán. El dirigente socialista impulsó perfiles afines para reforzar su influencia territorial y proyectarlos posteriormente a estructuras de mayor peso.

El plan incluía consolidar liderazgos locales con proyección electoral, aunque algunos de esos movimientos no obtuvieron el respaldo esperado en las urnas.
La negativa de Bildu a determinados pactos frustró parte de esa estrategia, obligando a redirigir trayectorias hacia el ámbito estatal. Fue entonces cuando Saiz dio el salto al Gobierno central, ocupando una cartera sensible y ganando visibilidad dentro del Consejo de Ministros.








