
Los guardias civiles afirman que el Gobierno oculta los intentos reales de entrada y minimiza la crisis
Los agentes alertan de un aumento imparable y acusan al Gobierno de ocultar las cifras reales
La radiografía del Ministerio del Interior sobre la inmigración irregular en Ceuta dista mucho de reflejar la realidad. Marlaska vuelve a esconder datos y maquillar cifras que no muestran la verdadera presión que soporta la ciudad. Los ceutíes, cansados de la falta de transparencia y del abandono, ven cómo su territorio se convierte cada día más en una ciudad sin ley.
Las fuentes de la Guardia Civil alertan de que Interior no contabiliza los intentos de entrada a nado, que se producen a diario y saturan a los agentes. No se trata de una cuestión puntual, sino de un flujo constante que el ministro prefiere ignorar. Mientras tanto, los efectivos en la frontera se ven desbordados y sin los medios necesarios para hacer frente a la situación.

Detrás de las cifras oficiales se esconde un problema mucho mayor: cientos de inmigrantes logran alcanzar la costa. Muchos se ocultan en la ciudad antes de intentar llegar a la Península los datos del CETI no reflejan la magnitud del fenómeno. Ceuta se ha convertido en una olla a presión, mientras el Gobierno sigue diciendo que no estamos ante una invasión silenciosa.
La Guardia Civil lleva meses trabajando al límite para contener los intentos de entrada por mar. Los agentes del GEAS y del Servicio Marítimo interceptan a diario a decenas de personas, en ocasiones con condiciones del mar extremadamente peligrosas. Aun así, el Ejecutivo no reconoce su esfuerzo ni refuerza los recursos humanos y materiales necesarios.
Cada vez llegan más procedentes de países como Argelia, Pakistán o Palestina. Estas devoluciones son imposibles y la carga recae de nuevo sobre Ceuta. Los ceutíes viven con la sensación de inseguridad y hartazgo ante un Gobierno que ni protege sus fronteras ni escucha sus demandas.
Así es como las mafias subsaharianas dirigen saltos masivos a la frontera en Ceuta
La ciudad autónoma de Ceuta vive días de tensión extrema, grupos criminales de origen subsahariano controlan los intentos de cruce ilegal desde Marruecos.
Estos traficantes usan redes sociales para planear asaltos, también comparten sus logros con el mundo entero. Esto atrae a más personas desesperadas, la valla fronteriza parece cada vez más frágil ante esta oleada coordinada.
Todo empezó con fuerza en 2021, aquel año, miles de inmigrantes entraron de golpe. Las calles de Ceuta se llenaron de caos, desde entonces, el número de cruces ilegales no para de subir.
En 2022, se contaron 767 entradas de enero a agosto. Un año después, en 2023, bajaron un poco a 708. Eso fue un 7,7% menos.
Pero 2024 cambió todo, hubo 1.936 intentos en el mismo periodo, eso significa un salto del 173,4% respecto a 2023. Ahora, en 2025, hasta agosto ya van 2.418, es un 24,9% más que el año pasado.

Los expertos prevén más de 3.600 para fin de año, en total, desde 2022, el aumento supera el 215%. Recursos locales están al límite y el Centro de Estancia Temporal para Inmigrantes (CETI) acoge a más de 1.000 personas, su capacidad real es solo de 512 plazas.
Del otro lado de la valla, en áreas como Beliones y el Monte de la Mujer Muerta, esperan miles, hay más de 2.000 inmigrantes allí. Vienen de Magreb, Subsaharia y Asia.
Algunos intentan cruzar a nado, otros forman grupos grandes para saltar juntos. Estos asaltos parecen operaciones militares, los traficantes vigilan a las patrullas, eligen noches sin luna para actuar. Usan trucos para distraer a los guardias.
"Es una operación militarizada", dice un agente anónimo. "Vigilan patrullas, eligen noches de luna nueva y lanzan distracciones para facilitar el salto".
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