
Las prioridades de Óscar Puente quedan claras: Arabia Saudí antes que los viajeros españoles
El ministro de Transportes vuela a Riad para vender el AVE a La Meca justo antes de que estalle la huelga en España
La crisis ferroviaria ha estallado esta mañana, con andenes colapsados, megafonía rota, familias atrapadas, y billetes inútiles, mientras el Ejecutivo mira pantallas vacías. Usuarios enfadados documentan retrasos eternos, pérdidas laborales, conexiones imposibles, y respuestas huecas, porque nadie asume responsabilidades reales en estas horas críticas nacionales. El Gobierno promete normalidad estadística, pero la calle exige gestión, inversiones, planificación, respeto, transparencia, y una empatía que nunca llega de verdad.
El deterioro del servicio no es puntual, es estructural, acumulado durante meses, advertido por técnicos, denunciado por trabajadores, e ignorado por despachos centrales. Cada incidencia revela falta de mantenimiento, escasez de personal, contratos mal diseñados, y decisiones políticas desconectadas del día a día ciudadano. La sensación de abandono crece, mientras los viajeros pagan con tiempo perdido errores que nacen en consejos ministeriales.
Estaciones colapsadas, ministros de viaje
La ausencia del responsable político se produce justo cuando sindicatos activan paros y miles de trayectos quedan en el aire sin planificación alternativa clara. Delegaciones territoriales esperan instrucciones, ayuntamientos reclaman coordinación urgente, y las comunidades autónomas improvisan refuerzos ante un ministerio silencioso. La sensación general es de vacío operativo, con decisiones aplazadas y una cadena de mando paralizada.
Desde los centros de control se habla de incidencias acumuladas, material rodante envejecido y turnos al límite. Mientras la comunicación oficial minimiza el alcance real del problema, teniendo el despacho principal fuera del país. Los trabajadores denuncian sobrecarga, los usuarios reclaman información fiable, y los alcaldes piden presencia institucional en los nodos más afectados.
La imagen de Óscar Puente gestionando la crisis desde el extranjero agrava el malestar interno. No es solo una cuestión de agenda internacional, es una cuestión de prioridades políticas en un momento crítico. Cuando el sistema falla, se espera liderazgo presencial, no videollamadas protocolarias.

Prioridades en el aire mientras el país espera en el andén
El viaje a Arabia Saudí termina convertido en símbolo de desconexión institucional y prioridades políticas equivocadas. No porque cooperar sea negativo, sino porque hacerlo en plena emergencia nacional transmite desinterés por lo inmediato. Gobernar también implica quedarse cuando todo va mal y asumir errores frente a cámaras.
La crisis ya no es solo ferroviaria, también es confianza pública rota. Técnicos alertan de inversiones mal priorizadas, profesionales denuncian plantillas insuficientes, y viajeros sienten que nadie pilota el sistema. El malestar se acumula estación tras estación, alimentando cinismo y frustración.
España necesita liderazgo ferroviario centrado en el usuario, no escapadas diplomáticas en momentos críticos. Hasta que el Ejecutivo reorganice recursos y devuelva presencia al terreno, la fractura seguirá creciendo. Mientras tanto, los ciudadanos recordarán vuelos a Riad más que soluciones locales, comparando promesas oficiales con andenes vacíos.
El impacto territorial se nota en economías locales, hoteles vacíos, autónomos sin clientes y estudiantes perdiendo exámenes importantes. Empresarios reclaman estabilidad, asociaciones vecinales piden respeto, y familias reorganizan rutinas ante un servicio imprevisible.
Cada retraso multiplica costes ocultos y erosiona credibilidad, mientras el relato oficial promete modernidad futura que no llega. La paciencia social se agota rápido cuando la política mira fuera y el ciudadano paga siempre primero.
Más noticias: