
Irán afronta su mayor desafío interno en los últimos 16 años
Cada nuevo estallido social reaviva la expectativa de un cambio profundo, aunque la experiencia ha demostrado que el régimen resiste
Desde hace más de una década, la situación política de Irán genera una pregunta recurrente dentro y fuera del país sobre su futuro inmediato. Cada nuevo estallido social reaviva la expectativa de un cambio profundo, aunque la experiencia ha demostrado que el régimen resiste.
El sistema teocrático iraní nació en 1979 tras el colapso del Sha Reza Pahlavi y la llegada al poder del ayatolá Ruhollah Jomeini. Desde entonces, el país quedó bajo un modelo político y religioso que concentra el poder en manos de la élite clerical. A lo largo de los años, el régimen ha enfrentado sanciones, aislamiento diplomático y múltiples protestas ciudadanas.
Pese a su falta de respaldo popular, ha mantenido el control mediante el uso de los aparatos de seguridad del Estado. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y el ejército han sido piezas clave para sofocar revueltas internas.

La represión sistemática ha permitido contener la contestación social mediante detenciones masivas y el uso de fuerza letal. Sin embargo, la situación económica ha agravado el descontento de una población cada vez más castigada. Irán atraviesa problemas estructurales pese a su riqueza energética, con escasez de electricidad y falta de agua potable.
La mala gestión de los recursos y el gasto destinado al programa nuclear han deteriorado las condiciones de vida.
A ello se suma la financiación de grupos armados fuera de sus fronteras, que ha drenado recursos públicos.
Este contexto ha vuelto a colocar al régimen ante una nueva ola de protestas extendidas por todo el territorio. Las movilizaciones actuales reflejan un hartazgo social acumulado tras años de crisis económica y represión política.
Según organizaciones de derechos humanos, las protestas han dejado decenas de fallecidos y miles de detenidos.
La Agencia de Noticias de Activistas por los Derechos Humanos cifra en 34 los manifestantes muertos en diez días. Más de 2.000 personas habrían sido arrestadas en al menos 285 concentraciones contra el régimen. Este escenario se diferencia de episodios anteriores por el entorno internacional que rodea la crisis.

En protestas pasadas, como las de 2009 o las de 2022 tras la muerte de Mahsa Amini, el apoyo externo fue limitado.
Durante la presidencia de Barack Obama, Estados Unidos optó por una estrategia de distensión con Teherán.
Esa política culminó en el acuerdo nuclear de 2015 y evitó respaldar abiertamente a los manifestantes iraníes.
La postura de Washington ha cambiado de forma significativa bajo el liderazgo de Donald Trump.
El presidente estadounidense ha advertido que sus fuerzas armadas están preparadas para actuar si hay represión extrema. Trump aseguró que una respuesta violenta contra la población tendría consecuencias directas para el régimen iraní.
Más noticias: