La final de la Copa del Rey celebrada este sábado en el estadio de La Cartuja ya está marcada por la polémica tras los cánticos ofensivos proferidos por un grupo de aficionados en la previa del encuentro. Seguidores vinculados a la Real Sociedad entonaron gritos como “puta España y puta Selección”, generando indignación y un intenso debate en redes sociales y en el ámbito político.
Un mensaje político alentado desde el pasado jueves por Arnaldo Otegi, el líder de EH Bildu, que fue condenado por pertenecer a ETA. El dirigente pidió a los aficionados de la Real Sociedad "llenar el estadio de La Cartuja de ikurriñas para demostrar que no son españoles".
Unas palabras que ya caldearon el ambiente en las redes sociales y que sus cachorros han llevado a la rajatabla.
Los hechos se produjeron en las inmediaciones del estadio sevillano, donde miles de aficionados se congregaban para vivir el ambiente festivo propio de una de las citas más importantes del calendario futbolístico nacional. Sin embargo, estos cánticos, grabados y difundidos rápidamente, empañaron el clima previo al partido y provocaron reacciones encontradas.
Diversas voces han condenado lo ocurrido, señalando que este tipo de expresiones no tienen cabida en el deporte y que contribuyen a aumentar la tensión social. El fútbol, recuerdan, debería ser un espacio de convivencia y respeto, alejado de mensajes ofensivos o excluyentes.
La polémica ha crecido especialmente por la comparación con otros episodios recientes. Algunos han subrayado que en anteriores ocasiones, como en un partido amistoso de la Selección Española disputado en Cataluña frente a Egipto, los cánticos de "musulmán el que no bote" fueron rápidamente condenados por representantes políticos y sociales.
En contraste, en esta ocasión, la reacción institucional ha sido más limitada en las primeras horas tras la difusión de los vídeos, lo que ha generado críticas por lo que algunos consideran una falta de contundencia o una doble vara de medir ante este tipo de comportamientos.
Este tipo de situaciones evidencian la sensibilidad existente en torno a los símbolos nacionales y el papel del deporte como escenario de expresión social. También advierten de la necesidad de mantener una respuesta coherente ante cualquier manifestación que incite al odio o al desprecio, independientemente de su origen o contexto.
La Real Sociedad no se ha pronunciado oficialmente sobre los hechos en el momento de publicarse esta información, aunque en situaciones similares anteriores los clubes han tendido a desmarcarse de este tipo de actitudes.
El incidente vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre el comportamiento de los aficionados en los grandes eventos deportivos y la responsabilidad tanto de las instituciones como de los propios clubes para prevenir y sancionar este tipo de conductas.