La investigación del caso Pegasus avanza de manera discreta pero constante, y tiene al Gobierno de Pedro Sánchez en una situación comprometida.
Los servicios de inteligencia españoles, en colaboración con agencias internacionales, han estado cotejando la información proporcionada por Francia. Sobre el espionaje a varios altos cargos, entre ellos el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y la ministra de Defensa, Margarita Robles.
Estos esfuerzos buscan identificar si existe un patrón común entre los ataques en España y Francia. Lo que podría revelar una autoría común en ambos países. En el centro de las sospechas: Marruecos.

Los ataques a altos cargos del Gobierno
El software Pegasus, desarrollado por la empresa israelí NSO Group. Es conocido por ser utilizado para espiar a líderes políticos, activistas y periodistas en todo el mundo.
En España, la primera revelación llegó cuando los móviles de Sánchez, Marlaska y Robles fueron infectados con este software entre 2020 y 2021. Según las investigaciones, se extrajo una gran cantidad de información confidencial de los dispositivos de los altos cargos. Lo que generó gran preocupación en el Ejecutivo.
Los primeros informes elaborados por el Centro Criptológico Nacional señalaron que el móvil de Sánchez fue hackeado en al menos cinco ocasiones. Sustrayendo más de 2,5 GB de datos, mientras que los dispositivos de Marlaska y Robles también mostraron signos de haber sido infiltrados. Aunque las investigaciones se iniciaron hace ya varios meses, los avances recientes han puesto nuevamente en jaque al Gobierno de Sánchez.
El papel de Marruecos en la investigación
Una de las líneas de investigación más polémicas apunta hacia Marruecos como el posible autor de estos ataques.
Según la comisión de investigación del Parlamento Europeo, existe la posibilidad de que el reino alauí estuviera detrás de los espionajes en ambos países. Algo que, de confirmarse, podría tensar aún más las relaciones diplomáticas entre España y Marruecos.
Esta teoría toma fuerza debido a que algunas de las víctimas del espionaje en Francia eran activistas prosaharauis. Lo que coincide con los intereses geopolíticos de Rabat.








