
El Gobierno evita asumir fallos en el mantenimiento mientras la red soporta un tráfico récord
El crecimiento del tráfico de alta velocidad ha puesto tensión sobre las infraestructuras bajo gestión estatal
El mantenimiento de la red ferroviaria se ha convertido en uno de los principales problemas del transporte en España.
Fuentes del sector señalan que la responsabilidad recae en una red cada vez más exigida sin refuerzos suficientes.
El crecimiento del tráfico de alta velocidad ha puesto tensión sobre las infraestructuras bajo gestión estatal. Durante 2024, Renfe, Iryo y Ouigo transportaron cerca de 40 millones de viajeros en alta velocidad. La cifra representa un aumento del 77% respecto a los niveles previos a la liberalización del sector.
La apertura del mercado se produjo en mayo de 2021 con la entrada comercial de la operadora francesa.
Desde entonces, el número de trenes en circulación ha crecido de forma constante en los corredores clave. Este aumento ha provocado un desgaste acelerado de las vías y de los elementos de la infraestructura.

Adif dispone ahora de menos tiempo para realizar las tareas de mantenimiento preventivo.
Las ventanas nocturnas y los cortes técnicos se han reducido por la presión para mantener el servicio. Según fuentes técnicas, los trabajos ya no se realizan en condiciones óptimas de seguridad y revisión. El propio Ministerio de Transportes ha reconocido posibles deficiencias en la conservación de la red.
El ministro Óscar Puente ha admitido esta semana fallos tras el accidente ferroviario de Adamuz.
En ese siniestro, un tren de Iryo descarriló presuntamente por una fractura previa en el carril. Los investigadores apuntan a un defecto existente que no fue detectado a tiempo. Puente calificó el fallo como un problema surgido “de súbito” y sin precedentes conocidos.
Sin embargo, fuentes del sector cuestionan que se trate de un hecho aislado.
La acumulación de incidencias apunta a un problema estructural de mantenimiento. La gestión estatal de la red ferroviaria queda así bajo escrutinio tras varios accidentes. La situación recuerda al deterioro progresivo de la red viaria española.

En carreteras se han multiplicado las señales que alertan del mal estado del firme.
Estas advertencias equivalen a las limitaciones temporales de velocidad del ferrocarril.
Según la Asociación Española de Carreteras, más de la mitad de las vías están deterioradas. El 52% de las carreteras interurbanas presenta daños graves o muy graves. El informe analiza casi 55.000 kilómetros y excluye autopistas de peaje.
La inversión necesaria para su reparación supera los 13.400 millones de euros. El cálculo incluye el encarecimiento de materiales, energía y costes laborales.
Este contexto refuerza las críticas sobre la falta de inversión sostenida del Estado.
El incremento del uso no ha ido acompañado de un refuerzo proporcional del mantenimiento. La liberalización del sector aumentó la demanda sin adaptar la infraestructura existente. Expertos alertan de que el modelo actual prioriza la oferta sobre la conservación.
La seguridad ferroviaria depende de un mantenimiento continuo y suficiente.
La repetición de incidentes ha abierto un debate sobre la gestión gubernamental. Adif continúa evaluando puntos críticos mientras crece la presión política.
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