Santos Cerdán compareció ayer en el Senado con una actitud defensiva y desafiante, presentándose como víctima de una investigación injusta. Desde el inicio marcó distancias y avisó de que no respondería a cuestiones concretas. Recurrió al derecho a no declarar como eje de su intervención.
El exdirigente socialista negó los delitos que se le imputan y trató de desacreditar los audios que le incriminan. Los calificó de falsos y habló de 'especulaciones' de la Guardia Civil. Insistió en que no es un corrupto y que no hay pruebas contra él.
Cuando las preguntas se adentraron en cuestiones personales, su actitud fue aún más evasiva. Evitó responder sobre los gastos cargados a una tarjeta vinculada a Antxon Alonso. Tampoco aclaró los viajes, comidas o alquileres supuestamente pagados por la constructora.
Sobre Servinabar, negó cualquier relación societaria. Rechazó ser propietario del 45% de la empresa, pese a los documentos mostrados en la comisión. Aseguró que se trató de un proyecto que nunca llegó a materializarse.
Ante los indicios aportados por la UCO, se limitó a poner en duda su veracidad. Reiteró que deberán demostrar que esos documentos reflejan la realidad. No aportó explicaciones adicionales.
Cerdán también guardó silencio sobre su relación con Pedro Sánchez. No respondió a preguntas sobre posibles instrucciones políticas ni sobre su papel dentro del PSOE. Evitó cualquier referencia directa al presidente del Gobierno.








