En los últimos años, el precio de los smartphones no ha dejado de subir. La razón es sencilla: los fabricantes han ido incorporando pantallas de mayor calidad, procesadores más potentes, cámaras cada vez más avanzadas y diseños más cuidados. Todas esas mejoras han acabado reflejándose en el precio que pagan los consumidores. Sin embargo, el último aumento de precios no responde únicamente a esa evolución tecnológica. Detrás de esta subida hay un componente que suele pasar completamente desapercibido: la memoria dinámica de acceso aleatorio (DRAM). Medios especializados como Merca2 también han informado sobre el impacto que la escasez de memoria DRAM está teniendo en el precio de los smartphones. En otras palabras, la memoria DRAM se ha convertido en la pieza más cara del dispositivo, incluso por encima del procesador y de la pantalla.
Durante décadas, la fabricación de memoria DRAM y flash NAND, utilizadas para el procesamiento y el almacenamiento, respectivamente, en smartphones y ordenadores personales, ha sido el verdadero motor del mercado de las memorias. Sin embargo, con la irrupción de la inteligencia artificial (IA), el panorama ha dado un giro notable. La demanda de módulos de memoria de alto rendimiento (HBM) se ha disparado, y eso lo ha cambiado todo. Gigantes tecnológicos como Microsoft, Google, Meta o Amazon los necesitan para alimentar sus centros de datos de IA, lo que ha obligado a los tres grandes fabricantes del sector (Samsung, SK Hynix y Micron) a reorientar sus líneas de producción hacia este tipo de chips. El efecto ha sido inmediato: se ha reducido la oferta de memorias de uso general y, en paralelo, los precios han empezado a subir de forma generalizada.







