“El carácter reservado puede afectar a datos propios de la empresa beneficiaria, pero no a las personas que hayan intervenido, y menos aún si se trata de un expresidente”, subraya.
A su juicio, el Ejecutivo “no responde a lo que se le pregunta”, algo incompatible con las exigencias constitucionales.
La Constitución y el Reglamento del Congreso obligan al Gobierno a contestar de forma efectiva a las preguntas parlamentarias. De hecho, el Tribunal Constitucional ha establecido que no basta con una respuesta genérica o evasiva.
En este sentido, el profesor Ibor Fernandes Romero recuerda el derecho de los diputados a obtener información. Esto forma parte del llamado ius in officium del artículo 23 de la Constitución y que cualquier limitación debe superar un estricto juicio de proporcionalidad.
“No está claro cuál es el interés público que justifica esta reserva. Más bien parece un interés personal coincidente con quienes están en el poder”, advierte.
Incluso en el supuesto de que la información estuviera legítimamente clasificada. Los expertos recuerdan que el Gobierno debería haber informado al menos a la Comisión de control de los gastos reservados del Congreso. Órgano habilitado para fiscalizar materias sensibles en sesiones a puerta cerrada.
El hecho de que el Ejecutivo no ofreciera esa vía refuerza, según juristas como Rafael Murillo, la percepción de un déficit de transparencia.
Mientras tanto, el Partido Popular ha registrado una nueva batería de preguntas para esclarecer el papel de Zapatero en el rescate de Plus Ultra. Incluyendo sus contactos con el entonces ministro José Luis Ábalos y la posible intervención directa del presidente Pedro Sánchez.
Un pulso institucional que mantiene abierto el debate sobre los límites del secreto y el deber constitucional de rendir cuentas.