
La exclusiva villa de Barbie Gaza en Salobreña
Hanan Alcalde, abanderada de la causa palestina, alquila por miles de euros una mansión con spa y piscina privada
Hanan Alcalde, más conocida como “Barbie Gaza”, se ha convertido en una de las caras más visibles de la Flotilla Global Sumud.
Su regreso a España tras participar en la misión propalestina la catapultó a los platós de televisión. Allí, ha ido relatando la supuesta “pesadilla” tras ser retenida por el ejército israelí.
Originaria de Granada y residente en Ceuta, tiene 46 años, está casada con Amin Abdelkader y es madre de seis hijos.
En redes sociales se presenta como defensora de la justicia social, la convivencia y los derechos humanos, especialmente del pueblo palestino. Sin embargo, detrás de ese discurso se esconde una realidad muy distinta.
La otra cara de “Barbie Gaza”: lujo y exclusividad
Mientras critica al “Occidente opulento” y aboga por la austeridad y la solidaridad, Hanan Alcalde es propietaria de una lujosa villa en Salobreña. La vivienda, según ha podido confirmar EDATV, se alquila a precios desorbitados a través de una conocida plataforma turística.

La propiedad dispone de mil metros cuadrados de jardines, piscina privada de ocho por cuatro metros, spa para seis personas y vistas inmejorables al mar.
Ofrece servicio de chef privado junto a la piscina, conexión wifi en todas las plantas y suites con vestidor, baño y televisión de gran formato. Todo ello en una urbanización exclusiva con pistas de tenis, zonas ajardinadas y chiringuito para residentes.
Un enclave privilegiado a dos minutos del mar y a 45 minutos de Sierra Nevada, en la llamada “Costa Tropical”. La vivienda puede acoger hasta doce adultos y dos bebés, con tarifas que varían según temporada, pero siempre alejadas de la austeridad que predica la activista en sus discursos públicos.
El discurso del sacrificio frente a la realidad del lujo
Durante su intervención en el programa En boca de todos, de Cuatro, Hanan Alcalde narró entre lágrimas cómo fue “apuntada con rifles” por soldados israelíes.
“Pensé que no volvería a ver a mis hijos”, aseguraba ante Nacho Abad. Sin embargo, omitió mencionar su faceta como empresaria de alojamiento turístico de alto nivel.
Su historia de “resistencia” y “entrega humanitaria” se desmorona al conocerse este patrimonio de lujo. Algo que contradice su relato de sencillez y lucha por los más desfavorecidos.

La misma persona que denuncia los “privilegios del sistema capitalista” vive de alquilar una propiedad que muchos solo podrían permitirse en sueños.
Influencer, activista y empresaria del bienestar
En redes sociales, “Barbie Gaza” combina vídeos familiares con mensajes de activismo político y religioso. Su cuenta, con casi un millón de seguidores, la muestra como madre ejemplar y voz de la comunidad musulmana.
Pero su negocio inmobiliario en la Costa Tropical proyecta una imagen muy distinta. La de una mujer que ha sabido rentabilizar su fama y su discurso.
Su villa, “reformada y mejorada cada año”, ofrece lo que ella misma llama “la eterna primavera”, con clima subtropical y vistas al Castillo Nazarí.

La descripción del anuncio habla de “paz, amor y tranquilidad al son del canto de los pájaros”. Muy lejos de las escenas de conflicto que ella exhibe en televisión.
La contradicción que deja en evidencia a la activista
La revelación sobre su lujosa propiedad pone en duda la autenticidad del compromiso que “Barbie Gaza” defiende en público.
Mientras se presenta como víctima del sistema y símbolo de resistencia palestina, obtiene ingresos significativos del turismo de lujo en una de las zonas más exclusivas de Granada.
El contraste entre su discurso de sacrificio y su modo de vida es tan evidente que muchos la acusan ya de practicar una doble moral.

En lugar de vivir con la austeridad que predica, disfruta de las ventajas de un negocio que encarna justo aquello que dice combatir: el privilegio, la comodidad y el beneficio económico.
La figura de Hanan Alcalde, aclamada como activista y símbolo de la causa palestina, se tambalea ante la evidencia de su propio lujo.
Mientras denuncia injusticias y pide solidaridad, alquila a precios astronómicos una villa de ensueño. Una contradicción que deja al descubierto la distancia entre sus palabras y sus actos.
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