La evolución de Rufián: de independentista de paso a querer ser una figura de la izquierda en España
porMacarena Martínez Guerrero-Laverat
politica
Sus movimientos junto a Montero y su creciente exposición mediática agitan el tablero de la izquierda alternativa
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Gabriel Rufián ha dado un giro que difícilmente pasa desapercibido. El portavoz de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) en el Congreso, que hace más de una década aseguraba que su paso por Madrid duraría apenas 18 meses, trabaja ahora para convertirse en una figura clave dentro de la izquierda estatal.
El cambio no es menor. De aquel perfil combativo y centrado en el independentismo queda cada vez menos. En su lugar emerge un político que busca ampliar su espacio, suavizar su tono y ganar protagonismo más allá de Cataluña.
Todo ello en un momento en el que la izquierda a la izquierda del PSOE trata de recomponerse, y donde Rufián empieza a posicionarse como un actor dispuesto a ocupar ese hueco.
De promesa efímera a carrera política prolongada
Lo que nació como una presencia temporal en Madrid se ha convertido en una trayectoria política consolidada. Rufián no solo no abandonó el Congreso, sino que ha ido adaptando su discurso para mantenerse en primera línea.
El propio dirigente ha ido dejando atrás su perfil inicial, apostando por un tono más moderado e incluso jocoso en sus intervenciones, como se vio en la última sesión de control al Gobierno.
Este cambio de registro coincide con su creciente interés por desempeñar un papel más relevante dentro de la izquierda estatal, alejándose progresivamente del foco estrictamente independentista.
La alianza con Montero: unidad política… y sueldos en juego
En paralelo a este giro, Rufián ha intensificado sus movimientos junto a Irene Montero en un momento de debilidad evidente para el espacio a la izquierda del PSOE. Ambos exploran fórmulas de entendimiento en un contexto marcado por la fragmentación y los malos resultados electorales recientes.
Este acercamiento no se interpreta únicamente como una estrategia política, sino también como una maniobra para no quedar fuera del tablero institucional. La pérdida de representación supondría también una pérdida de influencia en un momento clave para sus respectivas formaciones.
A ello se suma un elemento difícil de ignorar: el nivel de ingresos asociado a sus cargos. Con sueldos que superan los 135.000 euros anuales en ambos casos, el debate sobre esta alianza trasciende lo ideológico y alimenta la sospecha de que, más allá del discurso, también está en juego la continuidad personal dentro de la política.