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Dos agentes de policía irlandesa de espaldas junto a un coche patrulla con un recuadro que muestra a un grupo de personas reunidas al aire libre frente a una cruz al atardecer
POLÍTICA

La Corte Suprema veta la enseñanza cristiana tradicional en colegios de Irlanda del Norte

La decisión desata críticas por considerarse un ataque directo a la herencia cultural y religiosa del país

La reciente decisión de la Corte Suprema del Reino Unido, que considera inaceptable enseñar creencias cristianas tradicionales en los colegios de Irlanda del Norte, ha provocado una fuerte reacción pública. Tras décadas en las que la Biblia formaba parte natural del temario, el tribunal sostiene que este modelo 'vulnera derechos fundamentales'. Muchos se preguntan cómo es posible que en un país cuya monarquía es Defensora de la Fe ahora se trate la transmisión de esa misma fe como un problema legal.

Para los sectores conservadores, este fallo va mucho más allá de un tecnicismo jurídico. Lo interpretan como otro paso en la presión institucional hacia una sociedad que ha mantenido convicciones claras en temas como la defensa de la vida. Si lo mismo ocurriera con el islam, afirman, ya se hablaría abiertamente de islamofobia, pero en cambio el cristianismo parece ser la única fe públicamente cuestionable.

Dos agentes de policía irlandesa con chaquetas reflectantes de color amarillo junto a un coche patrulla blanco

Los críticos con la resolución sostienen que no se está ampliando la tolerancia, sino restringiendo el espacio público del cristianismo. Impedir que un país con raíces cristianas transmita a los alumnos su tradición religiosa les parece una ruptura evidente con el sentido común. Temen que se esté vaciando de contenido la identidad cultural que ha sostenido a la comunidad durante generaciones.

La polémica crece y son muchos quienes piden rectificar este rumbo antes de que sea irreversible. Para ellos, permitir que los estudiantes conozcan la tradición cristiana sin ser acusados de violar la ley debería ser algo elemental. Señalan que esta herencia ha moldeado instituciones, costumbres y leyes, y que eliminarla del aula equivale a renunciar a una parte esencial de la historia del país.

Quienes comparten esta preocupación piden a la gente que hable y no se quede al margen. Creen que este cambio es un punto decisivo y que el silencio solo empeorará la situación. Temen que, si nadie actúa, el cristianismo quede apartado de la vida pública casi de forma obligada.

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