Cantabria vuelve a apostar por dar una segunda vida a la lana de los rebaños ovinos de montaña con un proyecto pionero en España. La iniciativa busca evitar que este residuo ganadero termine convirtiéndose en un problema ambiental y económico.
Durante la campaña de esquila de este año se han recogido cerca de 18 toneladas de lana procedente de los rebaños vinculados al programa ProBiodiversidad. El material ha sido depositado en contenedores de gran capacidad instalados en distintos puntos de Liébana y Peñarrubia.
El proyecto está impulsado por las Consejerías de Medio Ambiente y Ganadería junto a la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos (FCQ). Su objetivo es ofrecer una salida adecuada a un residuo que durante años ha carecido de alternativas viables.
La lana recogida ha sido trasladada posteriormente al Complejo Medioambiental de Meruelo, donde será sometida a los tratamientos necesarios para estudiar sus posibles aprovechamientos y evitar una gestión inadecuada del material.
Los puntos habilitados para la entrega se localizaron en Peñarrubia, en La Hermida, junto a la carretera de acceso a Bejes; en Pendes, Cillorigo de Liébana, y en el punto limpio de Los Llanos, en Camaleño.
Cantabria vuelve a apostar por dar una segunda vida a la lana de los rebaños ovinos de montaña con un proyecto pionero en España
Una decena de ganaderos de ambas zonas ha participado en esta campaña. Para garantizar el correcto tratamiento de la lana, los productores debían entregarla seca, sin residuos mezclados y siguiendo unas condiciones específicas de almacenamiento.
El material debía introducirse en sacos estándar de 50 litros, con aproximadamente 15 kilos de capacidad, aunque solo podían llenarse hasta la mitad. Los recipientes tenían que permanecer cerrados mediante bridas.
El problema tiene su origen, en buena medida, en las características de las razas ovinas utilizadas por los rebaños ProBiodiversidad. Muchas pertenecen a variedades autóctonas como la latxa y la carranzana, cuya lana es gruesa y presenta dificultades para su utilización en la industria textil.
Su procesamiento convencional requiere además importantes cantidades de agua y tratamientos que pueden generar un elevado impacto ambiental. Por ello, los ganaderos se encontraban hasta ahora con pocas opciones para gestionar correctamente este material.
El nuevo proyecto pretende avanzar hacia un modelo de economía circular adaptado al medio rural. Entre las alternativas que se estudian figuran la bioconstrucción, los materiales aislantes, el compostaje agrícola y determinados usos energéticos.
Para determinar cuáles son las opciones más adecuadas, se están realizando análisis técnicos y estudios sobre las características fisicoquímicas de la lana recogida. El objetivo es encontrar aplicaciones que permitan transformar el residuo en un recurso.
La iniciativa también pretende reforzar la colaboración entre las administraciones públicas, los ganaderos y las organizaciones dedicadas a la conservación de la naturaleza. Todo ello dentro del programa de recuperación del quebrantahuesos en los Picos de Europa.
La marca ProBiodiversidad forma parte de esta estrategia y promueve una ganadería extensiva compatible con la protección de los espacios naturales. Sus rebaños aprovechan los pastos de montaña y siguen criterios relacionados con el bienestar animal y la conservación de la biodiversidad.
La marca, registrada por la FCQ en 2011, apuesta además por los circuitos cortos de comercialización para reducir intermediarios y mejorar la remuneración de los productores. En Cantabria comenzó a desarrollarse en 2018 con dos ganaderos.
El crecimiento ha sido notable desde entonces. En 2024, la iniciativa ya contaba con 22 ganaderos asociados y permitió comercializar más de 13.500 kilos de producto.
Ahora, con la recogida de la lana, el programa amplía su apuesta por la sostenibilidad. Cantabria busca así convertir un residuo sin salida comercial en una oportunidad para la economía rural y la conservación de los ecosistemas de montaña.