Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, vuelve a situar a España bajo el foco europeo tras negarse a recibir a una delegación de eurodiputados en Madrid. La misión del Parlamento Europeo ha viajado para evaluar el estado del Estado de derecho, la independencia judicial y la calidad democrática del país. No es una visita protocolaria, sino una respuesta institucional ante la preocupación de Bruselas por la separación de poderes.
Los eurodiputados han expresado abiertamente su malestar por el plantón del presidente y también por la ausencia de dos ministros clave. Ni Félix Bolaños ni Fernando Grande-Marlaska aceptaron reunirse con la delegación. Un silencio coordinado que agrava la imagen de un Ejecutivo que rehúye el escrutinio internacional.
La misión mantiene encuentros con asociaciones judiciales, fiscales y organizaciones de periodistas para recopilar información directa. Ese material servirá para los informes anuales europeos sobre el Estado de derecho, un mecanismo que analiza cómo funcionan realmente las democracias comunitarias. Que España esté siendo evaluada en este contexto ya es un síntoma político grave.
Además, representantes judiciales han trasladado su preocupación por reformas recientes que, a su juicio, debilitan garantías institucionales. Esas organizaciones denuncian cambios que han rebajado exigencias de acceso judicial y han puesto en duda la independencia del Ministerio Fiscal. Sus advertencias han cruzado fronteras y han activado la reacción de Bruselas.

Bruselas pregunta lo que Moncloa evita responder
La llegada de eurodiputados a Madrid responde a algo más que política interna: Europa analiza si España respeta realmente la independencia judicial. La evaluación europea no es sancionadora inmediata, pero sí política, y puede influir directamente en la imagen de España en Bruselas. En ese contexto, la negativa de Sánchez a dar explicaciones públicas resulta especialmente llamativa.







