La epidemia de ébola que golpea a la República Democrática del Congo continúa agravándose y ya se ha convertido en la tercera más grave de la historia por número de casos y fallecidos. Así lo han advertido los Centros Africanos para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC de África), que han elevado a 202 la cifra de muertos desde que se declaró oficialmente el brote el pasado 15 de mayo.
Durante una rueda de prensa virtual, el jefe interino de las Divisiones de Preparación y Respuesta ante Emergencias de la agencia, Wessam Mankoula, detalló que los 202 fallecidos forman parte de un total de 875 casos confirmados. Además, explicó que la tasa de letalidad alcanza actualmente el 23 %, mientras que 67 pacientes han logrado recuperarse de la enfermedad.
Las autoridades sanitarias africanas han mostrado una creciente preocupación por la velocidad a la que avanza la epidemia. Según los datos presentados por Mankoula, el número de contagios ha aumentado un 38 % en comparación con la semana anterior, una evolución que sitúa al actual brote entre los más severos registrados hasta la fecha.
La provincia oriental de Ituri continúa siendo el principal foco de transmisión. Esta región concentra el 91 % de los casos confirmados y el 78 % de las muertes notificadas hasta el momento. Sin embargo, el virus también se ha extendido a las provincias vecinas de Kivu del Norte y Kivu del Sur, ampliando el alcance de la emergencia sanitaria.
Precisamente, la situación en Kivu del Norte preocupa especialmente a los equipos de respuesta debido a la inseguridad que generan los enfrentamientos entre el Ejército y distintos grupos rebeldes. La violencia en la zona dificulta el acceso de los profesionales sanitarios y complica tanto la atención a los enfermos como las labores de rastreo de contactos, consideradas fundamentales para contener la propagación del virus.

Mankoula advirtió de que esta provincia presenta una elevada tasa de mortalidad y, al mismo tiempo, uno de los niveles más bajos de seguimiento de contactos entre las regiones afectadas. Esta combinación incrementa el riesgo de transmisión y dificulta el control de la enfermedad.








