En 2015, ya figuraba como licenciada en las listas municipales del PSOE de Valencia. En medios de comunicación de 2022, cuando fue nombrada delegada del Gobierno, se la describía como titulada. Incluso en perfiles más recientes, hasta hace unos días, la web oficial del partido seguía repitiendo esa fórmula. Ahora, de repente, todo cambia, y sin dar una sola explicación a los ciudadanos.
Este episodio, sumado a las dudas en su testimonio judicial por la gestión de la DANA, no hace sino reforzar la sensación de falta de rigor y de falta de claridad. No estamos ante una caza de brujas, ni ante un linchamiento político. Estamos ante una exigencia legítima: que quienes ocupan responsabilidades públicas no maquillen su trayectoria para parecer lo que no son.
El PSOE o Pilar Bernabe, debería salir a aclarar qué ha pasado. Si ha habido un error, que lo expliquen. Y si ha habido una exageración voluntaria, que se asuman responsabilidades. Porque la confianza pública se construye con coherencia, no con currículums maquillados ni silencios estratégicos.
El silencio, a estas alturas, no es prudente, es culpable.